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  • Foto del escritorYamileth Latorre

Los colores de la ternura

Actualizado: 25 mar


Enamorados de los campos y deseosos de sus bondades, los hombres y mujeres de Huaylarsh: Pintura testimonial —exposición que se abre desde mañana al público— desfilan, más bien quietos y extasiados, en una danza viva que desnuda los símbolos del mundo andino.


Escribe: Yamileth Latorre


Huaylarsh: Pintura testimonial | Marilya Hinostroza


Desde la garganta del río Mantaro brota un canto antiguo. Poderoso. Sensual. Música que envuelve de color y amor los campos. Tinyas y pincullos —antes—, arpas y violines —después— vibran al compás de magnéticas aves que anuncian la lluvia. Hombres y mujeres danzan frenéticos y abren surcos con sus pies. Ahí, en la cuna del Ande, la tierra fértil responde todavía a las fuerzas cósmicas y al clamor de bonanza de sus habitantes. Marilya Hinostroza (Huancayo, 1990) ha vivido la evolución de estas costumbres y las recoge y documenta en 35 cuadros al óleo enmarcados en Huaylarsh: Pintura testimonial, su séptima muestra que inaugura mañana.


La imaginación no es la única fuente donde abrevan sus dibujos más bien realistas: «Retrato a mis ancestros, mi familia, los que están, los que partieron, porque todo se inicia con ellos». Y desde ese origen, en Huacrapuquio, donde nació, la pintora —que también ha participado en exposiciones colectivas de Perú, Bolivia, México, Estados Unidos, España, Portugal, Inglaterra y Bélgica— investiga las manifestaciones culturales de la región Junín. «Fui testigo de muchas vivencias que despertaron en mí el amor a mi tierra», sugiere. Y su foco de interés es esencialmente el huaylarsh, vocablo que —a decir del jesuita Diego González Holguín en 1608— deriva de ‘huaylla’ (prado verde) y ‘huaylluy’ (amar con ternura), términos quechuas que revelan juntos una verdad ancestral.





Esta imponente danza, que hoy pinta de explosivos rojos, azules, amarillos y verdes los pasacalles del centro del Perú y que coincide con la algarabía de los carnavales y el cultivo de la papa, se manifiesta serena, cauta en los lienzos de Hinostroza. Prevalecen, sí, el intenso rosa, el violeta, pero sobre todo el azul —tal vez porque antes las aguas del Mantaro eran identificadas con el color de la tristeza— y hasta los ocres. El curador Jorge Bernuy reconoce en cambio «una supremacía amplia y armónica de los colores vivos: iluminaciones intensas en bermellones, verdes y amarillos» en la obra que aspira a ser pieza importante de la pintura social y testimonial. El crítico distingue también «un bagaje de símbolos que corresponden al mundo andino, donde el hombre y la naturaleza constituyen un todo armonioso».



Esa armonía que involucra fuerza para labrar la tierra, intensos zapateos para celebrar la cosecha, un cortejo andino que por momentos imita el aleteo de los chihuacos para seducir y ganar corazones. Flores y cantos como auténticos signos vitales. Y si el huaylarsh es expresión viva de la alegría copiosa y el vigor a todo dar, ¿por qué entonces los personajes de Marilya no sonríen ni se entregan al movimiento enérgico? Quizás estos hombres y mujeres enamorados de los campos y curtidos por el frío y el sol, de pies etéreos y rostros desiertos de sonrisas, son el testimonio de largas y duras faenas para que la Pachamama ceda, al fin y con genuina ternura, sus benditos frutos.


Lugar: Galería Municipal de Arte Pancho Fierro.

Dirección: Pasaje Santa Rosa 114, Cercado de Lima.

Temporada: Del 5 al 31 de marzo.

Horario: Martes a domingo de 10 a. m. a 7 p. m.

Ingreso: Libre.


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