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  • Foto del escritorCésar Augusto Ramírez

“La afectividad infantil es mucho más pura, más cercana, más honesta”| Mafi Navarrete



Mafi Navarrete (Lima, 1999) está terminando de estudiar pintura y escultura en la escuela de arte Corriente Alterna. Ad portas de su primera individual, continúa explorando las relaciones afectivas y los escenarios cotidianos. “El césped es más verde del otro lado”, título de su muestra, juega con el famoso proverbio en cuya virtud el género humano tiende a idealizar lo que no tiene y a desear lo que está lejos de su alcance.

Así, el universo que crea parece quieto en la superficie, pero en el fondo está poblado de inseguridades que conviven sobre una mezcla de inocencia infantil, despreocupación adolescente y ensimismamiento cotidiano.

 

Entrevista: César Augusto Ramirez

 

¿Cómo empezaste a pintar?

 

Todo empezó cuando tenía 5 o 6 años a manera de hobby. Siempre me ha gustado dibujar, me gustaban mucho los personajes de las series que veía, entonces los copiaba y les creaba historias. Creo que ahí empezó mi afición hacia los personajes animados. Más adelante tenía que escoger una carrera y dije: “Bueno, la única cosa que sé hacer es arte”. Me metí y cuando llevaba la carrera se me prendió este foquito: “quiero que mi trabajo sea reconocible de manera visual, quiero que la gente vea mis personajes y diga: ah, esto es de Mafi”. Entonces empecé a consumir un montón de referentes, empecé con esta corriente llamada ‘surrealismo pop’, que son como estos muñecos medio cabezones con ojos grandes y toda la temática que seguía era muy específica (historias, relatos, sueños, etc.). Estuve probando eso por un tiempo y me di cuenta que no me gustaba mucho porque lo sentía más folklórico y yo quería hacer algo más personal y cercano a mi realidad. Entonces otra vez empecé a consumir más referentes, descubrir otras corrientes, me interesé por el expresionismo abstracto y ahí empezó esto de buscar mis materiales más idóneos, qué sensaciones quería generar con ellos.

 

¿Cómo ha cambiado tu arte desde que empezaste? ¿Cómo nace el concepto y cómo decides qué materiales usar?

 

Cuando empecé, como todos, me acercaba al lienzo con mucho miedo, no tanto por equivocarme sino porque pensaba: ¿valdrá la pena esta idea?, ¿valdrán la pena todas las horas de trabajo? Y en mi cabeza se podía ver como algo súper grandioso y luego, cuando lo hacía, no era así. Como estaba descubriendo eso, empezaba con un boceto, lo pasaba a digital, ahí mejoraba todo, arreglaba todo, y después trataba de replicarlo en un lienzo o en un papel. Fue pasando el tiempo y me di cuenta que eso no me estaba funcionando mucho porque le ponía muchas expectativas al boceto y, cuando lo pasaba a ‘limpio’, perdía toda la esencia del boceto, que era más libre, sin pensarlo, porque obviamente no estaba arruinando nada. Cuando me di cuenta de eso como que cambié todo y ahora lo hago todo al revés: tengo una idea, boceteo muy rápido y no veo, por ejemplo, qué personajes van, no mido la proporción, no detallo nada específico. Todo eso lo hago cuando lo paso a ‘limpio’ y trato de explorar a ver qué sale cuando lo estoy pasando al formato que quiero. Eso fue lo que hice con los aerógrafos: empecé con un boceto súper simple en digital utilizando un pincel cualquiera, simplemente decidí la composición y luego, cuando lo pasé al aerógrafo, simplemente calculé y lo hice. Pero no tanto con un boceto previo en papel, simplemente era más ver esa referencia que creé y pasarla al papel. Eso hace que ya no me acerque con tanto miedo al lienzo porque, como te dije antes, era como si estuviera visualizando todo lo malo que pudiera salir y al final no disfrutaba nada. Ahora siento que ha cambiado mi mentalidad y la manera cómo me enfrento a una superficie blanca.

 

¿Qué temas te interesan?









Uno de mis temas principales es la afectividad como palabra general, porque hay afectividad en distintos grados: dentro del espacio familiar, con los amigos, con las mascotas. Entonces la afectividad vista desde la cotidianidad también es un intercambio íntimo, sea cual sea el grado, y se pueden encontrar distintas manifestaciones o representaciones de esta, dependiendo del tipo de relación que mantengas con la persona o con el objeto. Por eso me interesa tanto, porque no solamente se reduce a lo humano sino también a lo material, y uno puede sentir cierta conexión con un objeto, con una fotografía, con un recuerdo, etc. Entonces no sé cómo habrá empezado este interés, pero supongo que como me interesa la psicología y en mi tesis estoy viendo un tema que trata bastante el psicoanálisis, siento que va por ahí. Siempre me han interesado también las afecciones humanas y cómo se pueden representar en un lienzo o papel. Por eso siento que varios de mis personajes mantienen esta estética que yo veo neutral y hasta repetitiva (pero la gente me dice que no) para explorar estos temas sin darle mucho peso, porque no me estoy basando mucho en qué representa físicamente ese personaje, sino qué representa emocionalmente o afectivamente. Por eso también tienen características bastante infantiles, porque los paso por un filtro bastante infantil. Ahora que estoy trabajando con niños, veo que son muy libres, se despiertan, hacen sus cosas y son felices, no les importa nada, no les importa lo que diga el resto. Entonces es una manera de ver el mundo que yo quisiera rescatar porque, una vez que llegas a la adultez, te das cuenta de que la vida no es tan fácil como parece, y es un poco triste porque obviamente todos quisiéramos mantener esa esencia por el resto de nuestra vida, pero pasamos por este filtro y nos cagamos, en pocas palabras. Por eso creo que lo que hago va por ahí, con estos personajes infantiles. Siento que esta afectividad, desde un punto de vista infantil, que es mucho más pura, más cercana, más honesta.

 



¿Cómo fue trabajar con aerógrafo? ¿Que cambió respecto a tus inicios?

 

Como yo trabajo bastante con pintura, digamos que me da esta posibilidad de hacer un boceto sobre el lienzo (que en este caso sería la “mancha”) y luego ya trabajo a partir de eso. En cambio, con el aerógrafo me di cuenta que el proceso era muy similar al de la acuarela. En la acuarela cuando tú quieres mantener un brillo o un blanco tienes que dejar espacio en el papel, porque una vez que te comes todo el blanco ya no lo puedes volver a sacar, entonces más o menos pasó lo mismo con el aerógrafo: había un poco de miedo al momento de aproximarme a la superficie en blanco, pero también dije: “bueno, si me equivoco puedo volver a hacerlo”. No era el fin del mundo si malograba un papel que puedo conseguir en La Clave. El papel también me da la posibilidad de equivocarme más y no sentir el peso de “uy, he perdido un lienzo que me costó un poco caro”. Era más que nada acercarme como si estuviera haciendo una acuarela y definir más o menos bien la composición y dónde iba a poner cada cosa y luego simplemente era hacerlo. En varias ocasiones mi aerógrafo falló. De hecho, la pieza llamada “Suéter” tiene una parte donde básicamente el aerógrafo explotó, hizo un montón de puntitos y una línea gruesa. Antes hubiera dicho “ok esto ya está malogrado, ya fue”, pero traté de ver cómo es que a veces nos pueden fallar las herramientas y de ese fallo sale algo interesante. Los errores que cometo al momento de hacer la pieza los veo como parte de, porque mi proceso es así, está lleno de errores y estoy tratando de aceptarlos y entender que son parte de mí, porque nadie es perfecto.

 

 




 

 

Título: “El    césped    es    más    verde    del    otro   lado”

Fechas: del   20   de   enero   al   24   de   febrero

Galería: Lengua Franca.

Dirección: Jr. Constitución 250, Callao (sala 106).

 

 

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