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  • Foto del escritorCinthia Delagado

Ojos sin sonrisa

Actualizado: 22 may

La autora inaugura su columna con una inmersión en un antiguo cuadro de Frans Hals sobre un niño que viaja en el tiempo, desde 1648, para contarnos su atroz historia reflejada en la obra de Sandra Gamarra, para la Bienal de Venecia, quien barniza de modernidad este bucle de injusticias.



Escribe: Cinthia Delgado

Columna: Me metí en un cuadro


Una mañana lluviosa logro llegar a tiempo al horario que marca mi entrada al Rijksmuseum de Ámsterdam.

Hago una cola larga solo para dejar el paraguas en el guardarropa. Pierdo un poco la paciencia. Mi hijo está en el hotel con fiebre y, aunque su padre lo acompaña, yo solo quiero recorrer el museo lo más ágilmente posible para volver cuanto antes. Miro alrededor, son todos tan altos que los 173 centímetros que suelen convertirme en la persona alta del grupo en Madrid o Lima, me dejan como mediana en esta tierra de gigantes. He estado leyendo sobre la historia de Países Bajos y me llamó mucho la atención la etapa del Imperio Neerlandés y los siglos que se lo pasaron invadiendo y colonizando territorios por todo el planeta. Asia, Oceanía, África, Sudamérica, el Caribe, Norteamérica, en cada continente ocuparon tierras.

Las salas del museo están llenas de imágenes de esa historia. Estatuas originales budistas, pequeñas réplicas de islas tropicales con banderas del Imperio Neerlandés, casitas mínimas, miniconstrucciones coloniales entre minipalmeras, o grandes pinturas representando capturas de esclavos, torturas, mujeres llorando.


Hay una exposición especial de Frans Hals, un gran maestro del retrato. Llego a sus salas, los textos en las paredes me explican que buscaba plasmar la espontaneidad de los sujetos, risas, movimiento. Paseo entre cuadros de hombres mayores en primer plano, bigotes pelirrojos, sombreros enormes, niños, niñas, madres con sus bebés, entornos opulentos, mujeres de escotes pronunciados. Voy paseando por el espacio hasta que un cuadro me detiene.

Grupo familiar ante un paisaje (1648), de Frans Hals.

1645 – 1648 Óleo sobre lienzo. 202 x 285 cm Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid

Una pareja y tres niños. Cinco personajes, cuatro de ellos holandeses, y el quinto, un niño de origen africano. La imagen me incomoda, me inquieta. ¿Quién es ese niño? ¿Qué hace ahí con esa familia que no es la suya? No puedo evitar preocuparme por él. Se le ve tenso, en un plano sutilmente más lejano.


Por la obra que he observado en el museo, imagino lo cruda que pudo haber sido su realidad, lo que habrá sucedido en la vida de ese niño para llegar a estar allí, en Haarlem, en el momento del retrato. Sus ojos nos miran, así como miraron a Frans Hals en 1648, y la sensación desencajante se mantiene intacta. El niño no sonríe. Ha sido vestido para el retrato y hace lo que tiene que hacer, mantenerse allí, como un símbolo de algo, un mensaje de riqueza, una posesión, o un exotismo. Un niño tan lejos de su casa, de su origen, de su familia, que no puedo evitar sentir una enorme tristeza. Un niño que un buen día vio llegar a unos hombres armados que decidieron tomarlo todo, incluso a él.

Sandra Gamarra, artista peruana que este año representa a España en la Bienal de Venecia, también fue interpelada por esta imagen y ha creado sus propias versiones de este cuadro.


Máscaras Mestizas V (Retrato de niño y familia de fondo) por Sandra Gamarra.  Óxido de hierro rojo, óleo, recortes de prensa, falso pan de oro, manta térmica de rescate y tejido kente sobre lienzo.   175 x 310 cm.
Máscaras Mestizas V (Retrato de niño y familia de fondo) por Sandra Gamarra. Óxido de hierro rojo, óleo, recortes de prensa, falso pan de oro, manta térmica de rescate y tejido kente sobre lienzo. 175 x 310 cm.


En su versión del cuadro de Hals ha retratado a la familia en tonos rojos y ha dejado el color de piel del pequeño niño, cuyo origen sería probablemente Ghana, al centro de las miradas, en primer plano. Ha añadido una tela kente ghanesa y material térmico, el mismo que se utiliza para calentar a los refugiados africanos que llegan a las costas de Europa en endebles embarcaciones cada día. Sandra, además, ha insertado en las esquinas imágenes que nos hacen pensar en las vidas de los niños africanos, quienes como el pequeño del cuadro de Hals también trabajan o fueron alejados de sus hogares y familias. La historia, repitiéndose cada día.





Salgo del Rijksmuseum y camino escuchando el ruido de la lluvia sobre el paraguas. Me sorprende todo lo que puede caber en un cuadro, cuánto de la historia se desprende de una imagen como esta. Cómo llega desde su tiempo hasta el nuestro cargado de preguntas y de qué manera una artista como Sandra Gamarra, al versionarlo, le da incluso mayor dimensión porque nos enfrenta a ideas y a hechos que se repiten una y otra vez, herencias de las que aún no nos libramos. Y nos hace conscientes. Y nos señala la herida, acerca de personas a las que hemos construido un presente y un futuro que no les pertenece. Y nos quedamos pensando en cómo se cura algo semejante.





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