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Residencia en Strasbourg y otras fantasías

  • Foto del escritor: Jorge Villacorta
    Jorge Villacorta
  • 19 jul
  • 2 Min. de lectura

Hoy cierra en la Alianza Francesa Residencia en Strasbourg y otras fantasías, muestra que marca el regreso de Annie Flores a la escena limeña tras casi una década. Una poética visual hecha de miniaturas, memoria y desasosiego.


Escribe Jorge Villacorta

Detalle de Conjunto de objetos fronterizos, (2023-2025), técnica mixta.
Detalle de Conjunto de objetos fronterizos, (2023-2025), técnica mixta.

Esta exposición marca el retorno de Annie Flores al ámbito de las artes visuales peruanas tras casi una década de ausencia. Salvo un par de colectivas que tuvieron lugar tras el segundo premio obtenido en el VIII Concurso Nacional de Pintura del Banco Central de Reserva, en 2016, la artista no ha presentado obra reciente en Lima.


En Residencia en Strasbourg y otras fantasías, Flores pone el mundo a prueba desde su mirada oblicua de artista de la miniaturización, y desde ese pensamiento lateral sui generis con el que se adentra en lo real, y lo lee para dibujarlo, modelarlo y maquetarlo, con resultados fuertemente independientes unos de otros.


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El finísimo arte de Flores, dicho en términos amplios, nace de la curiosidad y del desasosiego en partes iguales.


La curiosidad que la mueve está hecha de una tenacidad que busca el riesgo y una proyección imaginativa ilimitada. Podría uno imaginar que ella no conoce la cotidianeidad en su habitual definición, o que su cotidianeidad no guarda la mínima semejanza con la de ninguna otra persona viva. Interroga sin cesar —y sin respuesta— a toda presencia que la rodea, animada o inanimada. Se interroga a sí misma y desata un tsunami mental en el que ya se habría ahogado y perdido para siempre si no fuera por su potentísima inclinación a reducir para contener, piedra angular de su proceso de creación.


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El desasosiego que habita en ella se alimenta de la amargura que la invade a diario al contemplar los últimos días del género humano en el planeta. Pero es un desasosiego agujereado, intermitentemente, por los imaginarios días soleados de una temporada pasada —ni tan al desgaire ni tan prim and proper— en una isla griega del mar Egeo; o por sueños de una mañana completamente despejada, en la que esplende un jardín doméstico con las plantas de su preferencia, donde sobreviven, por el fuego del deseo y de la añoranza, las mascotas queridas y, ¿quién sabe?, los otrora amigos imaginarios, asediados ahora por la lógica del consumo que amenaza con extinguirlo todo.



Residencia en Strasbourg y otras fantasías es un espacio de memoria: la artista recuerda a la ciudad que fuera su base en Europa en dos periodos distintos de su vida, entre 2003 y 2019. Strasbourg, aquí, no es la ciudad oficial, sede del Parlamento Europeo: es el espacio de años de derivas propias de Annie Flores, que han dado origen a trabajos sobre distintos soportes que ahora son presentados al público por primera vez.



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