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  • Foto del escritorCzar Gutierrez

Alberto Borea: ese fuego inolvidable

Actualizado: 11 abr

 

Serigrafiaba, esculpía, instalaba y manipulaba objetos poéticos ready made. A cuarentaicinco años de su nacimiento, el editor de -Vocablo recuerda a su amigo en el bar Mochileros de Lima y en el Hotel Chelsea de Nueva York. Desvela una entrevista inédita. Y hace estallar una bola de fuego en su memoria.

 

Escribe: Czar Gutiérrez

Aspiradora | Alberto Borea. Aspiradora con tubo de plástico Medidas variables 2017

 


Una lluvia de plomo ha caído sobre la tela. Los balazos configuran un territorio minado en forma de serigrafías que, apenas uno se acerca, lo ametrallan. Esas enormes imágenes, claveteadas de proyectiles, configuran una arqueología brutal sobre mapas expropiados a Google Earth: Barrios Altos, La Cantuta, Lima, Ayacucho. Tomas aéreas y agujeros tallados con plomo. Eso es lo primero que estalla y hiere. La guerra interna, es amor lo que sangra.

 

Era noviembre del 2017 y el artista conceptual Alberto Borea —nacido en Lima el 9 de abril de 1979— seguía trabajando sobre esa herida y sus cicatrices. Dedicado a explorar espacios desterritorializados —sus famosos “no-lugares”—, regresaba a Lima para mapearla desde el tránsito. Para identificarla a partir de su desplazamiento. Para revisitarla en forma de topografia quemada que se abre en capas. Como una manzana. Como una Gran manzana.

 

“El mapa está ligado a mi búsqueda de identidad, de situarme en algún lugar donde se traza quién soy y de dónde vengo. En este sentido estos mapas también responden a la interrogante de Lima como ciudad caótica donde creció mi generación en medio de la guerra. Capas o suelos que responden a la lectura de estos acontecimientos, tanto como a la desigualdad, injusticia y violencia”, me dijo el artista sobre la barra del Mochileros, entrañable bar en Pedro de Osma que administraba cada vez que llegaba a su ciudad natal: vivía en Nueva York.

 



(Tres años antes): de tripas corazón:

 

Tomas la G y te bajas en Nassau, me dijo. Llegué. Entonces me llevó a caminar por Williamsburg, cuadrante del arte de vanguardia y la gentrificación más chic de Brooklyn. Entonces, frente a nuestros ojos empezaron a transitar una serie de instalaciones esquizoides densamente empaquetadas en cerámica, pintura, dibujo, collage, escultura, vídeo y textiles. Todo estaba atravesado por la paranoia. Las pandillas urbanas y el graffiti. La cultura hip-hop y la artesanía del punk postindustrial más furioso: era la muestra de Sterling Ruby, artista con base en Los Ángeles especialmente letal en sus ataques al sistema de prisiones, los mass media, la globalización, la dominación y la decadencia norteamericana. El residuo frente al consumo.

 

A continuación me metió a las tripas de la ciudad, inclemente duelo fierro con fierro, y al salir estábamos en Rockaway!, ese inquietante apéndice del MoMA fundado por Klaus Biesenbach y Patti Smith, sito en Fort Tilden. Mira, me dijo: la alemana Katharina Grosse había construido todo un campus inmersivo de ruptura cromática y expansión espacial gracias a un pertinente rociado de esprays. Pintura, escultura y arquitectura conformaban un solo horizonte. Como aquella granja de Nueva Orleans que cubrió de naranja. O cuando transformó en un río de colores las vías del tren en Filadelfia. 

 

—¿Estamos en la punta de un cono, en el top del arte mundial? ¿Cómo es vivir en esta especie de cotidianeidad avant-garde? Debe ser ideal para que te impacte y, arriesgando en el lugar común, probablemente influya.

 —Tú has venido a escribir aquí y sabes lo que es eso. Vivir casi una década en esta ciudad, lo que me ha dado, es la apertura a poder interiorizar y entender distintos procesos y maneras de situarse frente al arte contemporáneo. Sigue siendo la ciudad más cosmopolita del mundo y creo que eso ayuda a entender que no somos iguales y sí lo somos al mismo tiempo. Creo que la cantidad de información y exhibiciones es un punto enriquecedor para los procesos, pero también lo es el desierto o el medio de la selva, así que esto es muy relativo y no creo en Mecas.

 

Yo sí. Yo creo que esta es una de ellas.

—Si vivo aquí es por adicción a la urbe y por un tema personal más existencial. Lo que me sigue atrayendo de esta ciudad es su gente, su energía, sus barrios, su neurosis, su belleza, su decadencia. Además de lo que hemos visto, a Sterling Ruby lo conocí en una muestra metafísica de pinturas y telares de gran formato, increíble. A Vito Aconcci lo vi también en el Moma PS1, moriría pocos meses después.

 

¿Y sales a beber?

—A veces. ¿Sabes con quien tuve el placer de juerguearme? Con Ray Charles. También conocí a Toni Matelli y vi lo último de Vik Muniz en Sikkema Jenkins. Todo eso fue realmente ejemplar como visión hacia el objeto y la fotografía. En fin, aquí hay muchas muestras increíbles. Pero nada más inspirador que las ratas del subway, el día a día, las noticias, lo que ocurre en la calle.

 

 

(Más tarde): la aérea levedad de SoHo:

 

Porque así era el Nueva York de Alberto Borea: los más abruptos embates del arte contemporáneo estaban a la vuelta de la esquina. De hecho, él también perpetuó el sello de su inmenso talento entre los grandes: para la bienal del Queens Museum (2013) cubrió un puente con cintas de VHS. Dos años antes había fabricado un arcoíris con bolsas plásticas de diferentes corporaciones: Rainbow fue portada del New York Times y ahora pertenece a la colección Hoschchild.

 

La ironía, todo un detonante en tu obra, ¿es un reflejo del contexto que visitas? Es decir, ¿trabajas pensando en Lima o las que presentas aquí en NY comprometen otro diálogo?

—Así es, la ironía presente normalmente en mi obra. La entiendo como algo que sale natural en mí, quizás sea un ejercicio de supervivencia o un mecanismo de defensa ante la realidad. Los seres humanos somos ilógicos y estamos gobernados por impulsos, ideas y pasiones. Creo que los objetos pretenden desmonumentalizar esta idea de lo intocable. Es una práctica de transgresión que me sale natural. Y creo que puedo entenderla emocionalmente como una manera de supervivencia o mecanismo de defensa frente a la realidad.

 

—Además de la dignificación de lo cotidiano en tu ejercicio object trouvé, ¿qué otras corrientes identificas en tu horizonte?

—Me interesa la contemporaneidad, el momento actual del arte donde todo es posible y uno se sitúa o puede situarse donde se entiende o identifica en la historia. Respondiendo a tu pregunta de corrientes o movimientos artísticos del pasado, me interesa el surrealismo y creo que junto con la abstracción tienen una importancia central en mi práctica. La idea del inconsciente como impulso generador y creativo sigue siendo central para el proceso de mis objetos y para mi trabajo. Hay piezas que, al no encontrarle en la realidad un par o al no encontrarle otro objeto que lo rompa y que lo desdiga… en estos casos recurro al sueño y trato de irme a dormir con estas ideas, con estas piezas sin resolver. La imagen aparece, como en el caso de la Aspiradora, el Sapito y ese trabajo llamado Memoria. Entonces lo anoto inmediatamente antes de quedarme completamente dormido.

 

(Al día siguiente):

 

Una Guinness helada al lado de mi almohada, probablemente su gelidez, ese influjo perverso, me había despertado. Más allá estaba el Negro Borea. Su sonrisa de labios llenos. Su ser impecable. Esa generosidad que te destruye. Desayuna, bro. Conocía a su amigo, lúpulo oscuro como aperitivo para mi último día en Nueva York. Así que otra inmersión a los intestinos: desde Williamsburg tomamos la L, trasbordo en Union Square, otro tren hasta 14th Street y después la F hasta 23rd Street: ladrillos rojos, Hotel Chelsea.

 

¿Y tú cómo sabes que aquí…? Lo leí en alguna parte, bro. Allí, entre esas las paredes que tienen oídos y esos pasillos que no guardan ningún secreto, yo había tecleado las primeras páginas de una novela cuando los indigentes todavía podíamos pagarnos una habitación sin baño. Aquí Dalí disfrazado de domador se paseaba con un león intentando convencer a la recepcionista de que el animal era su nuevo asistente artístico. Aquí Edie Sedgwick organizó una fiesta con Warhol como DJ y Bob Dylan de barman haciendo malabares con las botellas de vino.

 

¿Qué te parece si aquí me hablas de abstracción, de esa idea metafísica que te atormenta especialmente cuando te empujas un brandi?

 — (Ríe) Sí, la abstracción y su idea metafísica de que somos objetos más alla de lo tangible y que podemos proyectar más allá del cuerpo físico o material sensaciones inexplicables, por la razón y la lógica. Tú, como escritor, sabes que a veces no es la literatura misma lo que te influencia para escribir.

 

Luego lo llevé a la suite 100, una vez aquí organizaron una fiesta de disfraces donde Jack Kerouac entró como estaba, él siempre estaba vestido como un vagabundo. Y Truman Capote se paseaba disfrazado de cisne. La cosa se convirtió en un caos cuando Allen Ginsberg decidió declamar sus versos calato y borracho sobre esta ventana.

 



—¿Y tú por qué haces lo que haces, Negro?

—Mira, en mi caso no fue el arte en sí, ya que eso esta mimetizado más bien en mi práctica. Por ejemplo, la muestra que presentaré ahora en Lima, Cartografía animal, es el resultado de un proceso de interiorización de mi propio trabajo y de entender los distintos cuerpos que lo conforman. Es mi relación con los objetos, la materia, la dirección y la mirada que les doy a cada uno de ellos.

 

Mira, en este ascensor Jagger y Richards se quedaron atascados durante horas. Dice que se pusieron a cantar horas allí adentro, en la caja. Finalmente los bomberos tuvieron que romper la puerta.

 

—¿Y te gusta cómo va a quedar tu Cartografía animal?

—Sí, por el momento estoy satisfecho con el resultado, creo que se puede sentir mi trabajo tanto en la calle como en el taller. Cuando siento eso, recién suelto la pieza. Antes no. ¿Oye, qué hora es? Qué pena que no podamos ir al Guggenheim.

 

—A propósito, cuéntame de esa acción llamada "Entering the Guggenheim in a Sudaka Way", la hiciste el 2006, ¿verdad?

—No, fue el 2005. Realicé esta acción durante una exhibición de Daniel Buren, que tenía el espacio casi vacío del Museo. En ese momento estaba de visita como turista en Nueva York. El Museo vacío parecía como una iglesia. Empecé a caminar y a realizar acciones en los espacios y a tomar fotos con mi compañera, estaba visitando el museo con una chica. Daba vueltas de arriba hacia abajo, para que no me atraparan. Los guardias querían quitarme la cámara, mi cámara era de película.

 



—O sea, analógica.

—Ajá. Pensé que las fotos no saldrían, pero me tiré como dos rollos. Edité y escogí estas seis que forman la pieza. Entering the Guggenheim in a Sudaca way la exhibí en Lima en el 2006 y entró a la colección diez años después gracias al curador Pablo León de la Barra. La pieza cumplía una década de ser producida.

 



 

(Noviembre de 2017): Lima - Revolver Galería:

 

Cuando aterrizó en Lima, Borea estaba nominado por ArtLima para concursar con otros cuatros representantes de arteBA, artBO, SP-Arte y ChACO por el premio de adquisición del Banco EFG en ArtBasel de Miami. Tenía en su haber una serie de individuales y grupales, en Latinoamérica, Europa y Estados Unidos, incluyendo el Queens Museum of Art y el Museo del Barrio (New York City), el Museum of Fine Arts de Boston (Colección Cisneros Fontanals), una muestra en Dublin Contemporary, otra en el Museo Laboratorio (Italia), en el Art Museum of the Americas (Washington DC) y también en el Museo de Huelva (España). Y múltiples preseas en su haber. Pero jamás le escuché hablar una sola palabra de sus logros: prefería encerrarse en su taller neoyorkino, en su taller limeño, trabajar en silencio y salir a la superficie dignificando algún objeto cotidiano.

 

Ese año, en efecto, inauguró en Lima Cartografía animal, su individual número trece que lo presentó sólido y multiforme.

 

Llegué, bro ­me escribió al messenger. Mañana monto la muestra, vente.

 

Fui: le había tramitado una portada en Luces de El Comercio. Lo encontré al lado de una aspiradora cuya manguera trazaba el mapa de Sudamérica. “Con esta aspiradora estoy siguiendo mi practica relacionada con los objetos y la escultura. En este caso, la pieza hace una metáfora de esta idea de borrar o desaparecer algo, de no dejar rastro y de limpiar constantemente el continente. Un continente que avanza y retrocede constantemente a lo largo de su historia”.

 




También había esculpido en metal un busto que mixtura el rostro de los presidentes peruanos. Lo situó donde estaba el sapo en el juego del mismo nombre: la boca destinada a tragar monedas (o relojes) de oro. “’Sapito’ es escultura objeto metafora hecho con un juego de sapito y un busto que es un collage de rostros de presidentes peruanos. En este caso el sapito es reemplazado por la figura de un presidente abriendo la boca con la banda presidencial. El sapo come monedas de oro para acumular”.

 

Alberto también había intervenido un casco policial pintándole un arco iris gay en el visor. “Este se llama ‘Sin título, poesía’. Es otro objeto intervenido, en este caso el casco policial de las manifestaciones. Este objeto que protege a la autoridad es intervenido con pintura spray creando un arcoiris en el lente visual, tapando así la visibilidad del gobierno, en este caso de la policía”. 

 

También exhibía una sucesión de corbatas. “’Liana’ es una pieza elaborada con corbatas amarradas una detrás de otra creando tensión y formando una especie de soga. Aquí está implícita la idea de masculinidad, burocracia y manipulación de poder”.

 



Enseguida enchufó un televisor antiguo que reproducía una especie de film estático de Palacio de Justicia desde el Sheraton. "Este se llama ‘Cosas que no entiendo ni quiero entender’, es un video objeto en el cual reproduzco una filmación desde un televisor de finales de los ochenta ubicado en una habitación del Sheraton, mirando hacia el Palacio de Gobierno. Filmé la habitación, las camas, el baño y salí al balcón para contemplar el Palacio de Justicia iluminado en la noche por el tráfico de Lima. Siempre tuve curiosidad por la presencia de estos dos elementos uno frente al otro: el Palacio de Justicia junto a uno de los primeros hoteles de cadenas americanas destinado a lobistas. En el recuerdo de estas habitaciones se debe haber encerrado parte de la historia y de la manipulación de la política y economía peruana”.

 

Hasta que llegamos a la sucesión de piezas atravesadas por balazos con las que pensé empezar mi artículo. "Se llama ‘Arqueologías’ y es una serigrafía con huecos de bala en técnica mixta sobre tela. Son mapas elaborados con vistas aéreas de Lima y del Perú donde recreo los territorios por donde pasaron atentados durante la guerra interna. Estos collages de mapas presentan agujeros, que corto para crear topografías o capas de entendimiento. La idea de mapa está ligada a la búsqueda de identidad y a situarse en algún sitio por donde se traza quién soy y de dónde vengo. En este sentido, estos mapas también responden a la interrogante de Lima como ciudad caótica y como lugar donde crecimos mi generación, en medio de las bombas. La representación de capas o suelos en las piezas responde a la idea de la mirada y el entendimiento o lectura de estos acontecimientos, así como a la idea de la desigualdad, injusticia y violencia”.

 




Pero la pieza más inquietante era un refrigerador apabullado. “Lo he llamado ‘Memoria’, es un refrigerador golpeado, casi como si fuese aplastado por un accidente. Hay luces que salen por las puertas, también suenan sirenas de la policía y rememoran un recuerdo congelado. Es el trauma que persiste. La obsesión y el recuerdo de aquellos años violentos están allí”, me dijo.

 

 

(Epílogo): 9 de abril de 2024:

 

“Entiendo la ironía como ejercicio de supervivencia y mecanismo de defensa”, leo en uno de nuestros últimos chats de Facebook. Su liana de corbatas amarradas —tensa metáfora de masculinidad y manipulación de poder, dos asuntos que periódicamente cobran triste actualidad en esta indómita tierra del Sol— le sigue dando la razón.

 

Borea es ese humor negro que desmonta lo intocable.

Borea son esas imágenes que se construyen por transgresión.

 

Así, su obra deviene en un mosaico tan emocionalmente divertido como dolorosamente pop. Lo que está atrás no se ve pero se siente: metáforas de dominación, decadencia, desperdicio y consumo.

 

Hoy, en su cumpleaños 45, hubiésemos estado con toda seguridad en el bar de nuestro querido Giancarlo Gomero empinando el codo junto a Ishmael Randall y los otros sujetos de Revolver. Junto a su hermana Giuliana, notable creadora y tratadista del arte. Hoy, precisamente hoy, he querido recordarte, Negro querido, porque en mi memoria eres esa llamarada que arde desde adentro.

 

Como un refrigerador que ha salido disparado hacia el cielo y se ha estrellado contra un meteorito: las lenguas de fuego siguen saliendo por los costados, el ulular de una sirena policial asoma por cada ranura, filtrando sus destellos. Entonces todos los recuerdos del pasado empiezan a hablar con sus lenguas rojas y azules porque en esa congeladora se han quedado ardiendo nuestros tiempos más violentos. 

 

Y te escribo.

 

Te escribo porque el linaje histórico de tu arte sigue bombeando tu sangre.

 

Pero especialmente porque te quiero, mi bro.

 



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