Decodificación, el lenguaje de la forma
- Vocablo

- 6 ago
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La obra de Yigal Dongo se inscribe en la tradición de la abstracción peruana, explorando el gesto, el color y la emoción como lenguajes visuales. En este texto, Luis Agusti reflexiona sobre su lugar en la pintura contemporánea del país.
Escribe Luis Agusti

La pintura de Yigal Dongo (Lima, 1978) confronta al espectador con la problemática planteada desde sus inicios por la abstracción. Tomando como hitos fundacionales el suprematismo de Malevich o la obra de Kandinsky, durante más de una centuria la discusión entre los teóricos del arte ha abordado los desafíos de un lenguaje que no asume la obligación de representar la realidad natural de manera reconocible, o bien prescinde de la función narrativa; es decir, se exime de contar una trama ficticia o de ilustrar un hecho histórico. En realidad, desde la invención de la fotografía, y posteriormente con la emergencia del impresionismo, el ambiente europeo del siglo XIX ya se agitaba por el cuestionamiento del paradigma figurativo: la creciente libertad del artista allanaba el camino para la llegada del revolucionario lenguaje abstracto.
Introducida la abstracción en el Perú –aquí cabe señalar el nombramiento de Ricardo Grau como director de la Escuela Nacional de Bellas Artes en 1945–, el desarrollo de esta corriente ha tenido una de sus expresiones más acabadas en la obra de Fernando de Szyszlo, quien a su regreso de París en 1951 expresó con su recordada boutade “En el Perú no hay pintores”, la necesidad de renovar el arte peruano, en aquel entonces dominado por el indigenismo. La fecunda producción abstraccionista constituye desde entonces una tradición alimentada, entre otros, por los significativos aportes de Jorge Eduardo Eielson, Ella Krebs, Benjamín Moncloa y, en tiempos más recientes, Ramiro Llona, Ricardo Wiesse, Hernán Pazos, Fernando Taboada y Armando Williams.

Es en este devenir de la abstracción peruana, enmarcado en el retorno de lo pictórico luego de una presencia significativa del arte conceptual, que nos encontramos con el trabajo de jóvenes herederos de los maestros mencionados. Este es el contexto en el que Yigal Dongo, pintor de formación autodidacta, nos entrega su quinta exposición individual –además de numerosas muestras colectivas en el Perú y el extranjero–. Su lenguaje reivindica la apertura semántica de la abstracción, esto es, la articulación de un discurso sugestivo cuya decodificación corresponde a las asociaciones libres suscitadas en la sensibilidad del espectador. Cabe subrayar esta dimensión sensorial, antes que intelectual, en la medida en que no estamos ante una pintura que deba ser “entendida”, sino más bien “sentida”. Yigal apela, así, a la emoción estética desprovista de contenidos literales; asume, por tanto, el papel de generador de propuestas abiertas, respetuosas de la soberanía del destinatario para encontrar su propia lectura del cuadro.

Son rasgos distintivos del lenguaje del artista el empleo de una paleta intensa, libre del canon “cézanniano”, donde coexisten los colores cálidos y fríos sin excluir el delineado con negro y el uso del blanco o los grises. Consideremos que no realiza bocetos preparatorios: antes bien, Yigal sale al encuentro de las imágenes, desvelando las vicisitudes de un proceso donde se acogen las adquisiciones debidas al azar o el accidente. La gestualidad de una pincelada dinámica coexiste con el ordenamiento geométrico, de manera que se alcanza un resultado donde la energía hecha visible se halla contenida por una evidente vocación por el equilibrio. Sus lienzos nos hacen evocar la retórica del expresionismo abstracto o escuela de Nueva York, con un sello personal que cabría asociar, incluso, con ciertos aires de geometrismo prehispánico.
Adentrémonos en el universo visual de Yigal Dongo, prolífico artista cuya presencia en la escena plástica peruana constituye un aporte a la vitalidad de la pintura abstracta. La obra reunida en la presente exposición da cuenta de la madurez de su lenguaje y justifica la expectativa por seguir su evolución posterior.
Palacio Municipal y de la Cultura de San Isidro:
• De jueves a miércoles de 9:00 a.m. a 6:00 p.m.
• Av. Los Incas 270, San Isidro, Lima.
• Ingreso libre.




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Muy interesante, un artista que se va abriendo camino, consolidando su lenguaje plástico.