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Exposición para las sombras: una generación de película

  • Foto del escritor: Vocablo
    Vocablo
  • 14 nov
  • 6 Min. de lectura

Presentada como parte de El Ojo que Capta, muestra que llegó a su fin el 10 de noviembre en Casa Fugaz, Exposición para las sombras revisita a la penúltima generación que trabajó con película: fotógrafos que revelaron a mano, imprimieron en cuarto oscuro y aprendieron a exponer para las sombras y revelar para la luz. Un homenaje a la materialidad de la imagen y a una práctica que marcó un antes y un después en la historia de la fotografía.


Escribe Fernando Castro Ramírez


Fernando Castro
Fernando Castro

Casi no es una exageración decir que somos la penúltima generación de fotógrafos que usó rollos de película. Aún hay quienes escogen hacerlo, pero nosotros no tuvimos otra opción. Eso quiere decir que para hacer fotografía seriamente tuvimos que revelar nuestros rollos de película blanco-y-negro e imprimir nuestros negativos en un cuarto oscuro con una ampliadora. Todo eso tenía sus momentos mágicos, lo tedioso era que a fines de los setenta había escasez de papel fotográfico, los químicos se hacían en La Victoria y la película se compraba por metros.


Herman Schwarz
Herman Schwarz

Aparte de hacerse más portátiles y de reemplazar los negativos de vidrio por la película de acetato, los instrumentos fotográficos no habían cambiado gran cosa desde sus múltiples invenciones en el siglo XIX. Eran una cámara con un lente, más el medio y químicos para captar y revelar la imagen captada. Algunos optamos por cámaras ligeras de 35 mm (Pentax, Yashica, Canon, Nikon, Contax, Leica); otros usamos formato medio (Diana, Holga, Pentax, Mamiya, Rollei, Hasselbald); y los más pacientes y musculosos, el gran formato. El fotógrafo tenía que aprender el uso del foco, la velocidad de exposición, la apertura de diafragma, la profundidad de campo, el flash electrónico, y en el mejor de los casos, sistema de zonas. La regla práctica de esta última era: "Exponer para las sombras y revelar para las luces altas."


Juan Carlos Belón
Juan Carlos Belón

Mas no sólo los instrumentos moldean la producción fotográfica. Contribuyen también la tradición pictórica del entorno, la pericia y el bagaje personal del fotógrafo. Algunos teníamos una brújula literaria, plástica, musical, mediática, periodística, arquitectónica, sociológica, política y/o antropológica. Admirábamos las obras que habíamos visto en libros y revistas que llegaban de Francia, Estados Unidos, Alemania, a nuestras manos. Seguimos varios paradigmas sin pensarlo mucho y en el peor de los casos añadíamos a ellos burdas imitaciones; en el mejor de los casos, legítimas superaciones o subversiones.


Roberto Huarcaya
Roberto Huarcaya

Un paradigma fue el de manipular y alterar la imagen con increíbles malabarismos de laboratorio à la Jerry Uelsmann (1934-2022). En nuestro medio hubo pocos manipuladores conocidos de ese tipo, aunque en el siglo XX por lo menos dos de los participantes de esta muestra hicieron manipulaciones de la imagen a su manera. En la generación que nos antecedió en Argentina Grete Stern hizo fotomontajes y en Brasil Geraldo de Barros usó la fotografía como si fuera un vehículo para el grabado cortando, pintando y arañando negativos. Desafortunadamente mucha de esta información no era muy accesible en el momento de nuestro acmé fotográfico.


Mariel Vidal
Mariel Vidal

Quizá el paradigma más natural y seductor fue la mal-llamada "fotografía de la calle" que tuvo como apóstol a Henri Cartier Bresson (Robert Frank, André Kertész, Diane Arbus, Robert Doisneau, Sergio Larraín, Pedro Meyer, etc.). Ojo: no estoy mencionando a los fotógrafos de nuestra generación o posteriores. Este mismo paradigma tuvo variantes más documentalistas (Walker Evans, Dorothea Lange) o más foto-periodísticas (Eugene Smith, Robert Capa). Dicho sea de paso, hasta la reaparición de Martín Chambi en Secuencia Fotogalería en 1977 no teníamos conciencia de nuestra propia tradición fotográfica. Ignoro si los fotógrafos fotoperiodistas de mi generación tuvieron referentes nacionales como ejemplos.


Lorry Salcedo
Lorry Salcedo

Ninguno de los tres paradigmas anteriores requiere un estudio. La fotografía de estudio tuvo en el Perú y el mundo una multitud de notables representantes. No es difícil encontrar en álbumes familiares alguna foto de estudio con su nombre en relieve o sellado en el envés de la imagen. El alucinante edificio art-nouveau del estudio Courret aún existe en el Jirón de la Unión dividido en sastrerías y notarías. En un estudio no sólo se hacen retratos formales, sino también imposturas, escenificaciones e incluso desnudos —aunque todos estos se pueden hacer también sin estudio. Varios fotógrafos participantes del Ojo que Capta han usado un estudio más o menos fastuoso o improvisado.


Archivo TAFOS
Archivo TAFOS

Finalmente, un paradigma muy convincente fue el que nos enseñó a transfigurar el objeto cotidiano y banal a uno digno de contemplación estética. Esta estética del objeto banal transfigurado tiene paralelos en la pintura, el ensamblaje, e incluso en la poesía llamada coloquial. En nuestro medio fue sobre todo Fernando La Rosa en los setenta quien nos enseñó imágenes de ese tipo que a todos nos asombraron hasta los rollos; más aún, nos enseñó cómo lograrlas.


Thomas Müller
Thomas Müller

En la fotografía de película siempre hubo maneras de alterar la imagen final, pero la alteración radical era infrecuente porque conspiraba contra el modelo estándar forjado en congruencia con las maneras de representar pictóricamente heredadas del Renacimiento. Por lo general, alterar radicalmente la imagen fotográfica era ganar un lugar en las vanguardias.



Si algo cambió con la fotografía digital fue el ingrediente sine qua non: el receptor de la luz. La imagen ya no se capta y preserva químicamente, sino digitalmente. Con esto las reglas del juego cambiaron porque el medio digital es intrínsecamente fluido y alterable sin delatarse al espectador no experto. El píxel no se apareció solo sino como parte funcional de aparatos de captación y construcción de imágenes. Con ellos se puede seguir haciendo imágenes casi idénticas a la fotografía de película, pero ésa es sólo una opción. Dentro de la fotografía analógica ya habían ocurrido algunos cambios en la automatización de la captación de la imagen. Pero con el advenimiento de la fotografía digital la cámara llegó a convertirse en una pequeña computadora que nos fue privando de muchas decisiones hasta que finalmente las cámaras digitales pudieron hacer enfoques y exposiciones automáticos, videos, e incluso cambiar el color a las cosas. Con algunas cámaras digitales es posible recobrar algunas decisiones, pero eso es también una opción entre otras. El golpe de gracia de la fotografía digital fue convertirse en un accesorio de los teléfonos móviles. En consecuencia, la cantidad de gente que hoy capta imágenes fotográficas se ha multiplicado exponencialmente. Hoy en el mundo se toman 3.7 millones de fotografías cada minuto. Ignoro cuántas se tomaban en la era de la fotografía de película, pero me atrevo a adivinar que esa cantidad de fotografías no se tomaba ni en un día.


Anamaría McCarthy
Anamaría McCarthy


La fotografía digital acabó en un 95% con el trabajo de cuarto oscuro. Son contados los fotógrafos que hoy lo usan. Es más, salvo contadas excepciones, los productores de la impresión final, ya no son los propios fotógrafos sino expertos en la impresión digital. Ser expertos en la técnica de hacer impresiones digitales de calidad es algo que nos ha superado a muchos que éramos expertos en hacer impresiones en papel de gelatina de plata. Curiosamente cada vez se imprimen menos fotografías porque la tecnología actual ha generado un nicho para las imágenes en el mundo virtual de las computadoras y las redes sociales. Hoy la gente te muestra las fotos de sus parientes y amigos no en álbumes sino en su teléfono.


Jaime Rázuri
Jaime Rázuri

Con la fotografía digital se perdió una de las garantías (dicho sea de paso, nunca fueron al 100%) sobre la apariencia de lo que estaba delante de la máquina al captarlo. Hoy lo que estaba delante de la cámara puede ser muy diferente a lo que capta la cámara, y quien está "detrás" de ella puede eliminar o añadir a la imagen lo que le plazca sin delatarse al común de los espectadores. En menor o mayor grado, para bien o para mal, el paradigma encarnado en Uelsmann, puede hoy incurrir advertida o inadvertidamente tanto en la fotografía de la calle, como en la fotografía de estudio, e incluso en la documental y periodística.


Miguel Coquis
Miguel Coquis

Si añadimos al fenómeno digital las imágenes pseudo-fotográficas producidas mediante la IA, nos exponemos a un nuevo tipo de sombras. Digo 'pseudo' porque esas imágenes, aunque tienen toda la apariencia de fotografías, en realidad no lo son. No se necesitó luz para fabricarlas. No hay ojo que las capta. Se generaron en la caverna cibernética. Así termina la película, pero no la fotografía.



Roberto Fantozzi
Roberto Fantozzi
Vera Lentz
Vera Lentz

 
 
 

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