La Repetida Ley de la Existencia
- Nuria Cano

- hace 18 horas
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Entre cajas de archivo, polvo y dibujos olvidados, Nuria Cano revisita las imágenes realizadas por pacientes del Hospital Víctor Larco Herrera. Su testimonio propone escuchar esas voces marginadas por la historia del arte y repensar el dibujo como forma de pensamiento.
Escribe Nuria Cano

Mi consigna al buscar los dibujos en las cajas del almacén de la Pinacoteca del Hospital Víctor Larco Herrera ha sido siempre armar textos que pongan de manifiesto las voces de los pacientes psiquiátricos que fueron marginadas a lo largo del tiempo, especialmente por la historia del arte. ¿Acaso no fueron ellos quienes nos dieron ideas y principios? Para mí, aplicar una u otra teoría es lo de menos en este trabajo, ya que la devolución del ánimo de pensar, de intuir, de sentir y de reordenar esta historia es lo que me interesa.
Un día me acompañaba un psiquiatra al pabellón cuatro de pacientes críticos y andábamos conversando sobre el funcionamiento de la institución hospitalaria, los cambios junto al Ministerio de Salud del Perú, entre otras decisiones que hacen del recinto uno cada vez más olvidado. Tenía que seguirlo porque, de lo contrario, los pacientes se acercarían demasiado. Algunos me saludaban y me preguntaban si me quedaría, y me contaban historias rápidas sobre sus hermanos, parejas y mascotas invisibles. A uno de ellos le asignamos la función de cuidar la puerta del almacén. No había luz, pero el sol era suficiente y entraba como lámpara por esa puerta vigilada.

Mientras movía los dibujos, las arañas caminaban sobre mis manos y mis brazos; no podía aguantar el grito a cada paso que daban. Luego de unos minutos me acostumbré. Al mismo tiempo, el psiquiatra me preguntaba: “¿Haces retratos? ¿Te puedo pedir uno de mi hija, de toda mi familia junta?”. Ya en compañía de las arañas, empecé a fotografiar los cuadros que decidí que funcionaban para una de las tantas ponencias que he compartido sobre el arte de los pacientes psiquiátricos. Fue curioso ver que los dibujos estaban enmarcados, porque alguna vez se hizo una exposición, evento que en su momento cumplió la misión de mostrar estas imágenes al público, además de crearles a los pacientes un momento para sentirse autores destacados. Ahora, los vidrios estaban rotos, el marco deshecho por las polillas y el polvo los cubría casi enteramente.

Pensemos entonces que, cuando una imagen se vuelve tendencia en el arte, termina por ocultar voces fuertes que también tuvieron ánimos de mostrar sensibilidades necesarias en ese mismo tiempo. Sin embargo, teóricos y críticos con cargos de poder en instituciones, del Estado o privadas —que tienen ventajas sobre los verdaderos trabajadores del arte, la teoría u otros que no tienen privilegios— no rescatan esas voces en el tiempo que merecen, pues prefieren ser parte de la tendencia. Y si a futuro las rescatan —cuando el artista ya está muerto— operan bajo el mismo sistema de invisibilizar y marginalizar a quienes trabajan de verdad en la investigación, como la de archivo, por ejemplo.
Trabajar en el archivo implica ponerse los guantes, el mandil, la conexión real con las voces del pasado y la persecución de las arañas.

Entonces, empecemos por dejar de lado que la “teoría” existe solo en términos de la escritura —como palabra— o que la información precisa está únicamente en las citas textuales, y pensemos que el dibujo es el que nos permitirá una mejor comprensión y análisis de un pensamiento fuerte en el tiempo.
Lugar: Casa O’Higgins – Jirón de la Unión 554, Cercado de Lima
Fechas: 26 de febrero al 15 de marzo de 2026
Horario: De martes a domingo, de 10:00 a.m. a 8:00 p.m.
Ingreso libre



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