Ofrenda
- Florencia Portocarrero

- 14 sept
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 21 sept
Ofrenda reúne a un grupo intergeneracional de artistas que entiende la escultura como un campo expandido, donde la vulnerabilidad y la transformación de la materia permiten repensar el cuerpo y lo doméstico. En contraste con cierta tradición escultórica, monumental y solemne, las obras de la exposición privilegian el proceso sobre la permanencia, articulan lo industrial con lo artesanal y evocan afectos “menores” como la extrañeza y el humor.
Escribe Florencia Portocarrero

Se dice que la ofrenda abre un umbral entre nuestro mundo y los planos “más-que-humanos” que convoca. De enorme fuerza simbólica, adopta, sin embargo, una forma humilde, casi doméstica: un ensamblaje de materias y objetos —vivos e inertes— cargados de memoria, deseos y afectos. Pero la ofrenda no se agota en los sentimientos de devoción; parte, más bien, del reconocimiento de nuestra profunda dependencia de fuerzas que nos exceden y tienen agencia propia.

Ofrenda, primer proyecto de exhibición colectiva de Mueve Galería, traslada esta lógica animista-relacional al espacio del arte. La muestra reúne a un grupo intergeneracional de artistas —Aileen Gavonel, Alice Wagner, Genietta Varsi, Iracema Vera, Jimena Kato, Katherine Fiedler, María Abaddon, Marisabel Arias y Pati Camet— que abordan la escultura como un campo expandido, en el que la vulnerabilidad y la transformación de la materia se convierten en puntos de partida para repensar nuestra relación con el cuerpo y el espacio doméstico.
Una exposición colectiva e intergeneracional de escultorxs puede pensarse, también, como una reunión de familia dispersa que emerge en respuesta a un contexto adverso. En efecto, pese a las profundas redefiniciones que la práctica escultórica experimentó desde fines de los años sesenta, en el Perú ha permanecido históricamente subordinada a la lógica del monumento: dispositivo por lo general emplazado en el espacio público y realizado para conmemorar gestas bélicas y héroes. Estas obras —habitualmente verticales y jerárquicas— recurren a materiales canónicos —bronce, mármol, piedra— y apelan a afectos graves —honor, sacrificio y deber cívico— para sostener su autoridad simbólica.
Se ofrecen encontrándose (2024), Katherine Fiedler
Derecha: Marisabel Arias. Cute & Casual: corazón homosexual (2024)
Ofrenda ensaya, en cambio, una apuesta inversa. El proyecto se ha gestado durante meses, casi intuitivamente, a partir de un diálogo sostenido entre artistas y curaduría. Como resultado la mayoría de las obras, que han sido especialmente creadas para la exposición, privilegian el proceso sobre la permanencia y articulan lo industrial con lo artesanal con el fin de cuestionar las jerarquías de valor impuestas por la historia del arte. Más aún, en lugar de apelar a la solemnidad o al deber, reivindican afectos “menores” —como la extrañeza o el sentido del humor— para burlar el filtro de la razón e invitar al público a descubrir en lo cotidiano un espacio de imaginación política radical.
Genietta Varsi. Diafragma = Horizonte (2025)
Los Virus, aún estoy aquí (2025) de Pati Camet
El montaje de Ofrenda espacializa esta lógica y dispone las piezas según resonancias temáticas y materiales, rehuyendo la construcción de cronologías o hitos espaciales. Así, como en toda ofrenda, las obras se reúnen no para señalar un camino único, sino para retroalimentarse y conformar un campo común de energías y afecciones. En última instancia, el proyecto afirma la urgencia de imaginar genealogías e influencias posibles entre artistas que, aunque pertenecen a generaciones distintas, se reconocen como emparentadxs en su interés por subvertir el orden simbólico de lo cotidiano y, en ese gesto, cuestionar la naturaleza y la función de la escultura.
Aileen Gavonel e Iracema Vera. Altar para volver (2025)
Maria Abaddon. Llorando mares (2025)
OFRENDA
Curaduría: Florencia Portocarrero
Fotos: Héctor Delgado
Del 11.09 - 17.10
Jr. Colina 128, Piso 2
Barranco
Lunes a Sábado
11am - 5pm
















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