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Agotar la regla

Foto del escritor: Leyla Aboudayeh
Leyla Aboudayeh
hace 2 días
11 min de lectura

En Lo legal lo vemos después. No se corrige, no se arregla, ni se modifica, Maya Ballén explora el error, el azar y la suspensión del juicio. La obra propone una relación singular con el público: caminar sobre una superficie que habitualmente contemplaríamos a distancia, haciendo del cuerpo y de esa experiencia compartida parte del encuentro con la obra.


Por Leyla Aboudayeh


Lo legal lo vemos después. No se corrige, no se arregla, ni se modifica, Maya Ballén
Lo legal lo vemos después. No se corrige, no se arregla, ni se modifica, Maya Ballén

En tu trabajo anterior, medir parecía poner a prueba la distancia entre una instrucción y su interpretación. Ahora aparece con mucha fuerza el acto de marcar. ¿Qué ocurrió entre medir y marcar? ¿Qué te permite la marca que la medida no te permitía?

Entre medir y marcar pasaron seis años y una maestría. La maestría me dio el permiso para dejar la arquitectura como un tema a explorar desde el arte, que era mi zona de confort, y trabajar de manera más orgánica mi práctica artística. Medir dialoga con la arquitectura, sobre todo en términos de los procesos de fabricación y las dinámicas de poder presentes en esos procesos. Antes de la maestría pensaba que mi audiencia serían mis amigos arquitectos, y la maestría me permitió hacer de una manera más amplia, sin ser experta en una técnica, y responder a una urgencia con lo que tuviera a la mano. Y, fundamentalmente, me liberó de la necesidad de hablarle a la arquitectura. La arquitectura está allí y siempre estarán en el cuerpo esos 15 años de práctica, pero ya no le debo nada.


“Medir es un acto de fe” sucedió en 2024, pero fue una invitación de Revolver a poner nuevamente una pieza que expuse en MATE, “Literal” (2019), y “Una maqueta para André Breton” (2020). La pieza de las reglitas, “Las reglas del juego” (2024), la hice para la expo y fue una manera de sentir el proyecto vivo, de seguir trabajando la idea de la instrucción, pero desde otro lugar. Yo llegué a las instrucciones desde la experiencia de usar planos en mi práctica de arquitectura. Fue muy natural para mí el experimento que planteé en “Literal”, el de darles a ocho carpinteros el mismo plano. Fue un desplazamiento de la arquitectura al arte que ya se venía produciendo desde hacía varios años, pero esa fue mi primera exposición. Y fue producto del extrañamiento de ver el plano como un mecanismo de control y hacer del terror del arquitecto, la interpretación de quien ejecuta, el núcleo de la exploración. Había mucho humor y cuestionamiento allí, y también la posibilidad de convertir la duda y el error en algo generativo.


Lo legal lo vemos después. No se corrige, no se arregla, ni se modifica, Maya Ballén
Lo legal lo vemos después. No se corrige, no se arregla, ni se modifica, Maya Ballén

Y es recién en la maestría que descubro la enorme genealogía del trabajo con instrucciones, partituras, constricciones y reglas en el arte, y sentí que me reencontraba con una manera de hacer con la que resueno mucho. Muy chica, terminando el colegio, experimenté la pedagogía de Mirtha Dermisache, que trabajaba con reglas y límites generando una enorme expansión creativa, y luego con Patricia Awuapara, desde la improvisación en danza con instrucciones. Ambas experiencias me marcaron. Por eso, el proyecto de las reglitas me sirvió para darle la vuelta al plano utilizando una carta como una instrucción, ya de una manera más consciente.


Cuando llegó la invitación de Revolver (2024), yo ya estaba haciendo caminata performativa desde 2020 y pensando en otras maneras de documentar que tuvieran más que ver con la escritura y la traducción que con la foto. Con Revolver también apareció la performance, el cuerpo y la colaboración con Germain Machuca, a quien conozco mucho de los tiempos en que bailamos con Patricia Awuapara a finales de los 90. Hicimos juntos la pieza “Erratas” (2024), una performance en la sala de exhibición con el colectivo Crudo, con quienes trabajamos instrucciones de movimiento.



Lo legal lo vemos después. No se corrige, no se arregla, ni se modifica, Maya Ballén
Lo legal lo vemos después. No se corrige, no se arregla, ni se modifica, Maya Ballén

Con respecto a tu pregunta sobre marcar vs. medir, nuevamente hay un mundo de diferencia. Medir tiene que ver con una parte de mi práctica que es más proyectual y que viene de mi experiencia en arquitectura y de cómo se entiende el proyecto. Hay algo que se anticipa, se planea, se produce el material necesario para ejecutar y solo al final se fabrica el objeto. En arte, por proyecto se entiende algo distinto. El proyecto en arte es un lugar donde desarrollar una investigación que puede contener obra o no, y puede ser procesual o no. Pero no necesariamente tiene que ver con lo proyectual. Lo proyectual en arquitectura es algo que se piensa con herramientas abstractas que anticipan una realidad que solo llega al final. Y, en ese sentido, medir es una aproximación proyectual, pero marcar no. Marcar es proceso, y eso es algo que me dio la maestría. Es la confianza en el proceso, en la práctica. Es estar perdido y confiar en que, de alguna manera, esas cosas que se hacen con las manos van a tener algún sentido.


“Lo legal lo vemos después” puede enmarcarse en una investigación que empezó con la maestría y que tiene que ver con caminar, pensar y escribir. Al caminar se mueve el cuerpo y la cabeza, y la narrativa personal se mezcla con tus impresiones de la ciudad. Camino, grabo mis pensamientos y vuelvo al estudio a transcribir y traducir. Por eso marcar no es marcar, sino que es escribir. Me di cuenta de que escribir era, en realidad, como caminar, en el sentido de que solo va para adelante, de izquierda a derecha y de arriba abajo, sin juicio. En “Lo legal…” caminé seis días de mi casa a la galería. El pensamiento ocurre caminando, luego continúa con el movimiento de la mano y deja rastros sobre la tela. Estoy inventándome una nueva caligrafía. Son líneas que solo van.


Pero medir y marcar, o sea, lo proyectual y el proceso, son dos maneras de hacer con las que alterno. Cuando no tengo tiempo de hacer, en las vacaciones del colegio, por ejemplo, mi aproximación es proyectual. No tengo tiempo de hacer ni tiempo de soledad, pero la cabeza no para y entonces planeo cosas que luego ejecuto. Pero cuando tengo tiempo, durante el ciclo escolar, puedo meterme en procesos más orgánicos donde una cosa lleva a la otra sin cálculo.


2. Jorge Villacorta habla de una “disciplina inventada”. En tu trabajo aparecen instrucciones, reglas y estructuras que delimitan un campo de acción. ¿Qué te permite establecer esos límites y qué ocurre cuando exploras una regla hasta agotarla?

La disciplina inventada a la que se refiere Jorge es el uso de instrucciones, reglas, sí. Exactamente como lo dices, las instrucciones para mí son una estructura, unos límites, dentro de los cuales se puede explorar hasta agotar el sistema. Como en la pedagogía de la Educación Activa. Se definen unos bordes y, en ese espacio seguro, todo vale. La regla no restringe, más bien permite que las cosas pasen y que la exploración sea más precisa. Pero no invento la regla para desobedecerla, no tengo ninguna intención de desobedecerla. Me gusta el experimento y ver qué puedo aprender y también cuál es el límite de la regla, que es distinto a buscar desobedecerla. Ese límite sucede cuando la regla me ha enseñado algo y ya no tiene sentido continuar. Ese aprendizaje me lleva al siguiente proyecto. A veces planteo dos instrucciones que se contradicen entre sí para que la contradicción misma sea parte del sistema, como en el proyecto de arcilla del MALI, donde se invitaba a crear y también a intervenir/destruir lo ya hecho.



Lo legal lo vemos después. No se corrige, no se arregla, ni se modifica, Maya Ballén
Lo legal lo vemos después. No se corrige, no se arregla, ni se modifica, Maya Ballén


No creo que construya la estructura para perder el control, es para agotar la estructura. Para ver todo lo que puedo hacer dentro de esa estructura en modo experimento. Quizás se ve como perder el control, pero lo vivo como un espacio para sacarle el ancho a la idea. Es experimento.


Yo dudo siempre, si hay uno hay lo otro y lo de más allá. En mi práctica he descubierto que trabajar con instrucciones me permite convertir un modo de ser que es personal en una exploración que me resulta interesante, aunque desde fuera se espere decisión y no dudar. En mi trabajo elijo qué decidir y qué dejar abierto. No tomar una decisión también es una decisión.


En este caso me propuse una serie de estrategias para ver si podía suspender el juicio, ese que dice qué está bien y qué está mal, para ver si podía trabajar desde un lugar más desapegado de las consecuencias estéticas. Utilizo estrategias de azar dirigido, claro, pero no para convertir la marca en un gesto estético y fijarlo necesariamente en una pieza, sino para sorprenderme y que la curiosidad se mueva.


Lo legal lo vemos después. No se corrige, no se arregla, ni se modifica, Maya Ballén
Lo legal lo vemos después. No se corrige, no se arregla, ni se modifica, Maya Ballén

En el colegio era muy tartamuda y, cuando levantaba la mano para hablar, sabía que iba a comenzar la frase tartamudeando. Entonces, cuando llegaba el momento de hablar, tenía que engañar a la cabeza y empezar la frase de otra manera, con otra palabra, con otra sílaba. Improvisar algo que me sorprendiera y que me permitiera continuar con la oración. Esa sensación de que lo que regrese sea una sorpresa me engancha, me interesa como exploración. Me interesa inventarme sistemas que me devuelvan algo que no tenía previsto, que me generen sorpresa, aprendizaje y que me den claves para un siguiente experimento. Acción y reacción. Por eso creo que no se trata de desobedecer el sistema, me interesa el límite por lo que puedo aprender y el movimiento creativo que me permite ir hacia otra cosa. En este proceso he aprendido mucho sobre lo brutalmente fuerte que es el juicio y las maneras que encuentra para escabullirse. Eso es material para otra conversación y es en lo que ando pensando.


3. Vendarse los ojos supone renunciar voluntariamente a una de las principales herramientas con las que controlamos y comprendemos el espacio. ¿Qué sucede con el cuerpo cuando desaparece la mirada? ¿Aparecen otras formas de medir u orientarse?

Vendarse los ojos es una de esas estrategias para suspender el juicio. Para no tomar decisiones de gusto o de composición. Y para sorprenderme con el resultado. Otra estrategia es caminar sin un rumbo determinado aproximadamente una hora, que es el tiempo que necesito para que mi percepción esté más abierta, y luego tomarme un taxi a la galería porque no quiero que la caminata se vuelva funcional. Otra estrategia es la dimensión de la tela, que se vuelve un territorio donde perderse. Otra estrategia son los hitos (bolsas rojas), que funcionan como una posibilidad de edición. También las reglas de duración. Le pedí a un amigo músico que me preparara playlists por días con distintas ideas musicales. Eran instrucciones de ritmo y de tiempo. Me sostuvieron, me generaron tensión. También trabajar solo con grafito es una estrategia porque el color es una decisión estética. Otra estrategia es escribir con la mano izquierda y borrar, manchar, lo que voy escribiendo.


Lo legal lo vemos después. No se corrige, no se arregla, ni se modifica, Maya Ballén
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4. Vienes de la arquitectura, una disciplina asociada a medir, proyectar y controlar el espacio. Sin embargo, tu trabajo parece acercarse cada vez más a la incertidumbre, el error y lo imprevisible. ¿Sientes que tu práctica artística ha ido desmontando aquello que aprendiste como arquitecta?

Pues sí. He estado mucho tiempo tratando de no errar y ahora me interesa investigar el error. Me interesa mi dislexia y lo que aparece cuando quieres decir o escribir una cosa y sale otra. Me interesa el humor. Me interesa la travesura. Me interesa la torpeza de derramarte café y la vergüenza de la mancha.


Así fue como empezó esta serie de caminatas que han terminado en “Lo legal…”. Fui a reunirme con una amiga arquitecta para visitar una obra suya y en el camino me derramé uno de esos cafés que compras para llevar, que están o muy calientes o tienen un mal diseño de tapa. Ya no me daba el tiempo de regresar a mi casa a cambiarme y pensé: “¿Qué hago? ¿Paro en una tienda y me compro un polo nuevo?”. E inmediatamente pensé: “¿En serio? ¿No puedo ver a mi amiga de toda la vida con una mancha de café en el polo?”. Y así me quedé todo el día con la mancha, viendo qué pasaba con mi vergüenza y la gente preguntando por mi café. Esa experiencia dio lugar a unas caminatas en las que me chorreaba el café antes de salir a caminar, registraba mi pensamiento durante la caminata y luego volvía al taller a transcribir y trabajar con la mancha.


Lo legal lo vemos después. No se corrige, no se arregla, ni se modifica, Maya Ballén
Lo legal lo vemos después. No se corrige, no se arregla, ni se modifica, Maya Ballén

5. El título, Lo legal lo vemos después, introduce ideas de norma, permiso y transgresión. ¿De qué legalidad estás hablando y qué relación tiene con este ejercicio de desobediencia que plantea la obra?

El título “Lo legal lo vemos después” lo encontré por casualidad en Instagram. Apareció una publicidad de un estudio de abogacía que decía algo así como “todos dicen lo legal lo vemos después”. Me quedó dando vueltas esa frase y empecé a sentir que vibraba con el trabajo, no de una manera descriptiva sino como tensión. Conforme fueron pasando las semanas, el título calzaba cada vez mejor.


No me interesaba que el título te lleve a pensar en transgresión de manera literal, es una metáfora. Por eso pusimos en la invitación la frase: “No se corrige, no se arregla ni se modifica”. Con la intención de llevar la frase “Lo legal…”, que está muy pegada a lo concreto, al terreno de un proceso creativo.


Lo legal puede ser muchas cosas. Empecé pensando que lo legal era lo correcto, la composición, el canon. Durante una caminata de mi casa a la galería me di cuenta de que le he estado repitiendo a Jorge hasta el cansancio que lo que buscaba era suspender el juicio, no juzgar lo que hago mientras lo hago. Sino hacer y juzgar después. Bueno, pues lo legal es el juicio. También me he preguntado en esta experiencia dónde está la obra. Creo que todo el evento de la semana completa es la obra y tiene algo de teatro experimental y happening.


Lo legal lo vemos después. No se corrige, no se arregla, ni se modifica, Maya Ballén
Lo legal lo vemos después. No se corrige, no se arregla, ni se modifica, Maya Ballén


Son varias cosas: la redacción de las invitaciones, el hecho de cambiar el formato de la inauguración primero y la visita guiada después, recibir a la gente con la obra colgada como obra y luego bajarla al piso para generar la situación de caminar encima, luego volverla a colgar y verla como obra, pero con la memoria de haber caminado encima. ¿La ves igual? Y, finalmente, haber repartido las tarjetitas de “venga a conversar mañana a las 6:30 p. m.”, algo que solo se entregó a quienes estuvieron presentes ese día.


Creo también que la posibilidad de jugar con el formato de la exposición ha sido posible porque he trabajado en un espacio sin las reglas de los espacios de arte. No hay logo, ni mailing list, ni programa de exposiciones, ni ninguna institucionalidad. Parece una galería porque guarda esa memoria, pero es un hotel.


Ahora pienso que lo legal, lo que viene después, es lo que pasa con la tela. Qué hago con este territorio de 70 m² que he creado. Cómo respondo a este material, parte algodón, parte poliéster, parte gesso acrílico y parte grafito. Es lo que me toca pensar ahora. La obra está en la manipulación del formato de la exposición y en la situación generada el día de la inauguración. La tela es el desperdicio, la evidencia o huella de ese proceso. Sin embargo, no quiero conservarla como registro de performance o cortarla y transformarla en lienzos más pequeños enmarcados. Me parece que es como congelarla. Creo que quiero usarla como un territorio para hacer otros eventos y acompañar su vida útil explorando su degradación.




Durante la visita guiada Jorge me preguntó cuál era mi relación con la pintura y yo le dije que ninguna, que yo no hacía imágenes, que mi trabajo deja huellas y que era él el que veía pintura allí. A mí me interesa que pasen cosas, eso me viene de la arquitectura, de estar pensando y anticipando las consecuencias de las decisiones. Que si la cocina está acá, que si las parrillas de los domingos, que si la Navidad, que si los niños crecen, que si el sol, que si el viento, que si la música. Eso se me ha quedado muy fuerte.


6. En tu exposición anterior aparecía la idea de que “medir es un acto de fe”. Si tuvieras que continuar hoy esa reflexión, ¿qué sería entonces marcar?

¡Qué pregunta! No sé, parece una ecuación. El título “Medir es un acto de fe” hacía referencia a que cuando mides, en realidad aproximas. O sea, si algo mide “3.2 cm”, hay días que dirás 3 cm, otros 3.2 cm y otros 3.5 cm. Depende de la sensibilidad del día, de tu personalidad, etc.


Medir y marcar son cosas muy distintas, pero claro que salen ambas de los mismos cuestionamientos e intereses. El error, por supuesto. En medir me preguntaba quién tiene el poder de decir qué es un error; en marcar estoy explorándolo.


Creo que medir y marcar, que en realidad es escribir, hacen lo mismo en el sentido de que fijan un punto de referencia que siempre es temporal. Pero medir es utilizar herramientas que existen y marcar, tratar de crearlas. En marcar también hay más riesgo, es literalmente como decir: “Yo estuve aquí”.


Lo legal lo vemos después. No se corrige, no se arregla, ni se modifica, Maya Ballén
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