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Cantar desde la fisura

  • Foto del escritor: Leyla Aboudayeh
    Leyla Aboudayeh
  • hace 2 días
  • 7 min de lectura

Ganadora del primer premio del Concurso Nacional de Pintura del BCRP 2024, Maria Laso presenta en el MUCEN Las ruinas de mi cuerpo todavía saben cantar, una muestra sobre cuerpo, memoria y migración, curada por Karen Bernedo y Gabriela Germaná.


Por Leyla Aboudayeh


Las ruinas de mi cuerpo todavía saben cantar. María Laso
Las ruinas de mi cuerpo todavía saben cantar. María Laso

¿Qué significa para ti pensar el cuerpo como una “ruina viva”?


Para mí, pensar el cuerpo como una “ruina viva” tiene que ver con entenderlo como un lugar donde el tiempo deja marcas. Pienso la ruina como aquello que permanece después de haber atravesado transformaciones y que conserva las huellas de lo que ha sido. Pero no es algo completamente detenido: sigue existiendo y relacionándose con el presente. En ese sentido, el cuerpo también puede ser una ruina viva: cambia, envejece, acumula experiencias y conserva rastros de aquello que ha sido.


Cuando pienso en el cuerpo, pienso en él como un lugar donde se van acumulando historias. No solamente las propias, sino también las familiares, las sociales y las que heredamos de los lugares y contextos en los que nos formamos. Hay algo de nuestra historia que permanece en nosotros incluso cuando las circunstancias cambian o dejamos atrás determinados espacios.


Por eso también me interesa pensar el cuerpo como un territorio que registra el paso del tiempo. Las experiencias personales están atravesadas por otras más grandes: por la memoria, la educación, las instituciones y las condiciones sociales y políticas en las que vivimos. El cuerpo puede parecer sólido, pero se transforma, se erosiona, conserva huellas y continúa viviendo.


¿De dónde surge tu interés por la herida, la muerte y la regeneración?


Creo que surge, en parte, de empezar a ser más consciente del paso del tiempo, de ver envejecer el mundo a mi alrededor y de entender que uno también va dejando atrás distintas versiones de sí mismo. Hay momentos de la vida que terminan y a los que ya no podemos volver, aunque los recordemos.


La muerte, entonces, no aparece solamente como algo literal, sino también como una transformación. Me interesa qué hacemos con aquello que nos duele y cómo esas experiencias pueden transformarse con el tiempo. Quizás ahí también aparece la regeneración: en la posibilidad de que algo pueda continuar después de haber cambiado, sin volver necesariamente a ser lo que era antes.


También pienso en cómo la memoria colectiva y la historia dejan sus propias heridas, algunas que se siguen repitiendo en el presente. Hay heridas que no son solamente individuales, sino que tienen que ver con la forma en que una sociedad distribuye el dolor, la violencia y la posibilidad de acceder a una vida digna. Pienso en las personas que cargan con discriminación, desigualdad, persecución o falta de justicia, y en cómo esas experiencias también forman parte de nuestra memoria colectiva.


En ese sentido, las imágenes religiosas que aparecen en mi trabajo, como Cristo o los santos, me interesan por sus historias de sacrificio y sufrimiento. Encuentro ahí una manera de pensar también en quienes, dentro de una sociedad, terminan cargando con dolores que no se distribuyen de la misma manera entre todos. Existen otro tipo de heridas y son invisibles.


Las ruinas de mi cuerpo todavía saben cantar. María Laso
Las ruinas de mi cuerpo todavía saben cantar. María Laso


¿Qué encuentras en el sillar que no encuentras en otros materiales?


Hay una relación afectiva muy fuerte con el sillar. Es una materia que ha estado literalmente alrededor mío desde siempre: en mi casa, en los colegios, en la universidad y en los espacios donde me formé. Pero también está presente en instituciones y edificaciones monumentales como iglesias y catedrales, y forma parte de la manera en que se ha construido y representado mi ciudad de origen, Arequipa. Es el material con el que se han construido espacios que nos forman y que también forman parte de una memoria colectiva.

Por eso, volver a trabajar con él es también volver sobre una materia que ha estado presente en mi propia historia y en la de muchas otras personas. Me interesa esa relación entre la materia y las historias, valores e ideas que se construyen alrededor de ella, porque así como nosotros construimos nuestros espacios, esos espacios también terminan construyéndonos a nosotros.


También hay algo muy particular en el acto de dibujar sobre piedra. Es un gesto muy primario, como una de las formas más antiguas de dejar una imagen sobre una superficie, pero al mismo tiempo trabajar con sillar me obligó a relacionarme con una materia que no conocía de esa manera. Tuve que aprender a trabajar con sus porosidades, sus irregularidades y su fragilidad. La piedra deja de ser solamente un soporte y empieza a intervenir en la imagen: sus accidentes, sus límites y su resistencia también forman parte del proceso.


Y quizás eso es lo que más encuentro en el sillar: una tensión entre permanencia y fragilidad. Es un material asociado a la construcción, a la arquitectura y a la idea de permanencia, pero puede quebrarse y erosionarse con facilidad. Para mí esa contradicción es importante porque permite que la piedra no sea solamente un símbolo de una ciudad, sino también una materia natural que ha sido transformada por las personas y cargada de historias, una materia capaz de hablar también del tiempo, de lo que construimos y de lo que inevitablemente se transforma.


Las ruinas de mi cuerpo todavía saben cantar. María Laso
Las ruinas de mi cuerpo todavía saben cantar. María Laso

¿Cómo dialogan en tu obra lo sagrado y la experiencia cotidiana?


Mi relación con lo sagrado viene mucho desde lo familiar. Crecí viendo estas imágenes religiosas y tengo una relación afectiva con ellas, especialmente a través de mis abuelas. No soy una persona especialmente devota, pero esas imágenes forman parte de mi memoria y de mi manera de entender ciertos aspectos de nuestra cultura.


También me interesa la manera en que lo religioso se vive en el Perú: las procesiones, vestir y cuidar a una virgen, preparar una imagen, acompañarla. Hay algo muy cotidiano y colectivo en esa relación, mucho más cercano y horizontal.


En ese sentido, me interesa una idea de la escritora Gloria Anzaldúa cuando habla de la obra como algo vivo, que no es un objeto muerto o inerte, sino que tiene una identidad y necesita ser cuidada: “tiene que ser alimentada, la tengo que bañar y vestir”. Me gusta pensar que algo de esa relación también existe en nuestra manera de cuidar las imágenes religiosas, de vestirlas, transformarlas y hacerlas parte de nuestra vida.


Por eso, cuando trabajo con estos íconos, me interesa acercarme a ellos desde sus historias y desde la relación afectiva que han construido conmigo y con mi entorno. Son imágenes que forman parte de mi memoria, pero que también contienen historias de sacrificio, dolor, persecución y resistencia que siguen resonando en el presente. Me interesa volver a mirarlas desde nuestra propia experiencia y encontrar qué otros sentidos pueden adquirir cuando pasan nuevamente por lo cotidiano. En ellas también encuentro una forma de pensar en cómo esas historias de sacrificio y dolor siguen resonando en nuestra vida cotidiana.


Las ruinas de mi cuerpo todavía saben cantar. María Laso
Las ruinas de mi cuerpo todavía saben cantar. María Laso



¿De qué manera la migración y el desarraigo han transformado tu manera de representar el cuerpo?


La migración me hizo pensar el cuerpo como algo que también puede ser un territorio desplazado. Cuando uno deja un lugar, hay una especie de ruptura con la persona que estaba ahí: aparecen nuevas formas de relacionarse, de pertenecer y también de sentirse como el otro. Aunque las experiencias migratorias son muy diversas, y algunas están atravesadas por condiciones mucho más difíciles de desarraigo y vulnerabilidad, creo que en todas existe, de distintas maneras, esa transformación de la relación con el lugar y con uno mismo.


Por eso me interesa la idea de llevar el hogar encima. En alguno de mis dibujos (La posibilidad de un volcán) aparecen caracoles que avanzan lentamente cargando su propia casa, que es su concha. Me gusta pensar en ellos como una imagen de ese cuerpo que se desplaza llevando consigo recuerdos, afectos, pérdidas y también aquello de lo que intentaba alejarse.


Gloria Anzaldúa tiene una frase que me acompaña mucho: “I am a turtle, wherever I go I carry home on my back”. Me interesa porque plantea el hogar como algo que uno puede llevar consigo, incluso cuando ya no está en el lugar de origen.


El desarraigo también cambió mi manera de mirar el regreso. Cuando vuelves, el lugar ya no es exactamente el mismo, pero tú tampoco. En ese sentido, pienso mucho en Regreso a casa (Heimkehr), de Franz Kafka, y en esa idea de volver a la casa del padre para descubrir que regresar no significa necesariamente volver a ocupar el mismo lugar. Puedes reconocer el espacio y, al mismo tiempo, sentirte extraño frente a él. Quizás migrar también tiene algo de eso: dejar un territorio, construir otra versión de uno mismo y descubrir, al regresar, que la casa que recuerdas ya no existe de la misma manera, porque tú tampoco eres quien la dejó.


Las ruinas de mi cuerpo todavía saben cantar. María Laso
Las ruinas de mi cuerpo todavía saben cantar. María Laso

Cuando recuperas y reensamblas obras anteriores, ¿qué cambia para ti: la obra, su significado o tu relación con ella?


Creo que la obra también envejece conmigo. Cuando vuelvo sobre una pieza después de varios años, no encuentro exactamente lo mismo, porque yo tampoco soy la misma persona. Hay ideas que permanecen, pero otras cambian cuando las vuelvo a mirar desde otra experiencia.


Quizás por eso también pienso en la idea de Gloria Anzaldúa de cuidar la obra como si fuera un ser vivo: hay que alimentarla, bañarla y vestirla. Al final, una obra también puede quedarse a tu lado, envejecer contigo y acompañarte mientras tú y ella cambian.


Por eso me interesa modificar las obras en lugar de entenderlas como algo cerrado. Una de las piezas que más he transformado es Estadía en movimiento: ese muro de ladrillos que antes se encontraba levantado como una estructura y que ahora aparece en ruinas. Sigue siendo reconocible lo que fue, pero ahora funciona de otra manera, casi como una costra, una cicatriz o un vestigio de algo que alguna vez estuvo en pie. La obra conserva su historia, pero su materialidad también registra lo que le ha pasado.



Pero también creo que estas modificaciones tienen que ver con algo más conceptual: las obras vuelven a mí porque las preguntas que las originaron siguen acompañándome, aunque yo ya no las mire desde el mismo lugar. Soy la misma persona que se fue, que migró, que se hizo ciertas preguntas, pero con los años esas experiencias adquieren otros sentidos. Entonces las obras también mutan conmigo; no para dejar de ser lo que fueron, sino para incorporar las cosas que he vivido y la manera en que ahora las entiendo.


Por eso, cuando recupero una obra, no siento que simplemente estoy corrigiendo algo anterior. Estoy volviendo a encontrarme con una persona que fui, con ideas que todavía comparto y con otras que ya veo de otra manera. La obra conserva algo de ese momento, pero también incorpora lo que ha pasado después. Su significado cambia, su materialidad cambia y también cambia mi relación con ella. Creo que ahí está parte de su vida: en poder conservar sus huellas y, al mismo tiempo, seguir transformándose.



Las ruinas de mi cuerpo todavía saben cantar. María Laso
Las ruinas de mi cuerpo todavía saben cantar. María Laso


Dónde verla: MUCEN, Jr. Lampa 474, Cercado de Lima

Hasta: 25 de octubre de 2026

Horario: martes a domingo, de 9:00 a. m. a 5:00 p. m.

Ingreso: libre

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