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Creo que no estamos solos: Hernán Pazos en primera persona para Vocablo

  • Foto del escritor: Vocablo
    Vocablo
  • hace 1 día
  • 3 Min. de lectura

La obra de Hernán Pazos se ha construido desde la persistencia, la variación y una relación tensa con el tiempo. A lo largo de décadas, su práctica ha atravesado la abstracción, el reciclaje de formas, el cambio constante de medios y una soledad creativa asumida como condición de trabajo. Creo que no estamos solos reúne pensamientos, procesos y obsesiones que no buscan cerrar un ciclo, sino seguir avanzando.




Escuchar la voz de Hernán Pazos en primera persona es valioso porque su obra se sostiene en una práctica atravesada por la duda, la variación y el desplazamiento constante. La primera persona aparece aquí como método: una forma de comprender cómo se articula su trabajo desde adentro.


En su propia narrativa tenemos una voz que deja registro de una forma de estar y de pensar el mundo desde el arte.


Hernán Pazos en primera persona para Vocablo


Renovarme dentro de mi propio lenguaje tiene que ver con aceptar que las estéticas y las búsquedas son variables. Uno nunca llega a estar muy contento con todo lo que produce; con algunas cosas sí, con otras no. Esa variabilidad hace que, a lo largo del tiempo, vaya cambiando la interpretación que tengo de mi propio trabajo. Esa actitud se traduce en una búsqueda permanente de lenguajes y técnicas que respondan a nuevos objetivos que se me van presentando.




En mi trabajo se puede ver un hilo conductor que hace que muchas veces una pieza se desprenda de otra. Eso renueva la forma, pero al final la búsqueda es la misma.


Mi soledad creativa es el resultado de mi profundo desorden. Dejo los instrumentos o los pensamientos en hold, en lugares especiales, y me es necesario estar solo porque si algo de eso es removido, el perjuicio que resulta de ese acto de intrusión es completamente perjudicial para mi trabajo. Me transporta a una extensa confusión.


Apuesto por la abstracción porque tengo una mente matemática. Con el abstracto, los espacios ocupados o los colores elegidos responden a fórmulas resueltas. Pintar, para mí, es llegar a la solución de un acertijo sobre la interpretación o recreación del mundo. Para eso, el abstracto es perfecto, ya que al mismo tiempo que es un lenguaje casi hermético, sus interpretaciones son impersonales y abiertas.


Sin embargo, ahora estoy queriendo cambiar hacia lo figurativo, a pesar de no haber terminado lo que me había propuesto. El tiempo avanza… e irremediablemente se termina.


La continuidad en mi trabajo se construye casi automáticamente, ya que muchas veces, cuando no doy por terminado un resultado, lo arrastro a una nueva experiencia. Con ello arrastro todas las firmas y vínculos anteriores.



Cambio de medio constantemente porque creo que cada manera de trabajar hace más fácil responder algunas preguntas que otras, o crear diversos paralelos que siempre se pueden resolver mejor. Trato de encontrar la mejor manera de llegar a los objetivos propuestos, buscando una economía de gestos y de tiempo.



En mi lenguaje visual he recurrido persistentemente al reciclaje, ya que el

mundo, a lo largo de mi vida, me ha propuesto diversas aventuras. Muchas veces miro algo que he considerado terminado en su momento, pero que ya no se adecua a mis exigencias estéticas o teóricas; entonces lo cojo, lo cambio, lo destruyo, lo reactivo.


Creo que el motor de mi creatividad a lo largo de los años ha sido pensar que estoy capacitado para decir las cosas de la manera como lo hago. Eso, de cierta forma, me satisface. Es como una droga que no me deja detenerme. Un motor que me empuja a avanzar hacia el probable vacío que pueda haber al final.


Muchas veces he pensado que no existo dentro del arte peruano. No tengo un espacio. Probablemente sea porque mis intenciones buscan satisfacer cuestionamientos abstractos que quizás no logran captar el interés de la mayoría. Soy difícil de identificar. Pienso que será cuando ya no esté y mi trabajo pueda ser observado con un principio y un fin que recién se me podrá ubicar en algún sitio. Por ahora, resulto ser un enigma.



Foto Marina García Burgos
Foto Marina García Burgos

Creo que no estamos solos. Creo que tenemos miedo, que necesitamos ayuda, que pocas cosas nos satisfacen. Al mismo tiempo, creo que en lo mucho que nos diferenciamos somos parecidos. Podemos llegar a semejantes extremos de carga o intensidad, positiva o negativa. Unos más, otros menos, pero al final navegamos en el mismo río, ese que va hacia el abismo y termina en una explosión.


Todos iremos por allí. Todos vamos avanzando.


Creo que no estamos solos.

 
 
 

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