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El eterno retorno

  • Foto del escritor: Jorge Villacorta
    Jorge Villacorta
  • hace 5 horas
  • 3 Min. de lectura

En El eterno retorno, Jorge Villacorta aborda la pintura de Hugo Salazar Chuquimango como un territorio de visiones, símbolos y pulsiones espirituales. Un ensayo sobre lo fantástico, la imagen y la persistencia de lo inasible en el arte contemporáneo.


Escribe Jorge Villacorta


El eterno retorno, Hugo Salazar Chuquimango
El eterno retorno, Hugo Salazar Chuquimango

Hugo Salazar Chuquimango se yergue solo en el espacio de las artes visuales contemporáneas en Lima. El tránsito de imágenes que este artista genera con cada nueva exposición individual despeja cada vez más su ubicación excéntrica y su posicionamiento inconformista en la pintura peruana actual. El artista está, claramente, en las antípodas de las tendencias observables. Su obra elude la clasificación; no se presta al pasatiempo taxonómico. Su pensamiento acerca de la pintura no es lineal. Anuncia un eterno retorno para el presente.


El eterno retorno, Hugo Salazar Chuquimango
El eterno retorno, Hugo Salazar Chuquimango


Su proyecto avanza a contracorriente de la noción prevalente, y del consenso tácito, de que el arte figurativo narrativo con ribetes fantástico-alucinatorios debe ser dejado convenientemente al margen.


Como artista contemporáneo abocado a la práctica de la pintura, Salazar puede parecer para muchos un cultor de la modalidad marcada por el retorno a lo clásico. Sin embargo, no lo es. Su obra puede parecer emparentada externamente con ciertas tendencias historicistas del momento posmoderno, pero su mundo pictórico se va construyendo desde la estructura de un destino interno, que se le va revelando al artista con el tiempo. Su postura es realmente anti-clásica, tal como el canon de Occidente define lo clásico sensu stricto (ninguna pintura sobrevivió de la Grecia de la Antigüedad).


El eterno retorno, Hugo Salazar Chuquimango
El eterno retorno, Hugo Salazar Chuquimango

De ahí que prefiera hacer un homenaje sui generis al Descendimiento de la Cruz del pintor flamenco Roger van der Weyden, bebiendo de su particular expresionismo antes de transformarlo en un cruento sueño en el que se autorretrata, con el cuerpo desnudo y yacente sobre el dorso de un cangrejo gigante, rodeado de asistentes de taller; narcisismo y vulnerabilidad del artista en un solo ícono, crístico y no crístico a la vez, como corresponde a una era laica (pero supersticiosa), plagada además de fake news.


En El eterno retorno, Salazar hace que Friedrich Nietzsche se dé la mano con Carl Gustav Jung. “¿Cómo te sentirías si un día o una noche un demonio se deslizara furtivamente en la más solitaria de tus soledades y te dijera: ‘Esta vida, tal como la estás viviendo ahora y tal como la has vivido [hasta este momento], deberás vivirla otra vez y aún innumerables veces [...]?’” (del parágrafo 341 de La gaya ciencia de F. Nietzsche, traducido por Felipe Botero), es la pregunta que podría subyacer a las obras en las que Salazar retoma el método crítico-paranoico del surrealismo daliniano y procede a manejarlo a su manera. Una vez captada e identificada la figura antes invisible, que todos los elementos pintados, actuando al unísono, han traído a la vida del cuadro como una aparición en un vacío construido, la percepción del observador queda enganchada en una oscilación temporal. Y sigue viendo, en consonancia con la claridad y la nitidez con las que está pintado hasta el más ínfimo de los detalles, cuyo lugar preciso es reconocido dentro de un plan del que el artista ha tenido un atisbo preclaro. La poética que Jung despertó con sus estudios de la alquimia del Alto Renacimiento europeo, con la que el sentido de la búsqueda de la piedra filosofal fue cambiando hacia el de una búsqueda en la oscuridad (opus nigrum), cuyo clímax sería la visión fugaz de lo que es, y será siempre, inasible, resuena en un ámbito que va cobrando forma con la obra del artista.


El eterno retorno, Hugo Salazar Chuquimango
El eterno retorno, Hugo Salazar Chuquimango

Es el destino del artista urdir la trama de este ámbito: desde la pugna espiritual, cuya oscuridad tendrá consecuencia ética, hasta alumbrar con gravedad moral.


“El Eterno Retorno”

Espacio Juan Pardo Heeren del ICPNA Lima Centro

Jirón Cuzco 446, Cercado de Lima.

La exposición podrá visitarse hasta el 28 de junio, de martes a domingo entre las 10:00 a. m. y las 7:00 p. m., con ingreso libre.



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