Has cambiado de color
- Jorge Villacorta

- 3 abr
- 2 Min. de lectura
La dedicación al cuidado de un cuerpo que se debilita se inscribe como mandato histórico. Este conjunto de obras indaga críticamente en esa lógica, desplazando lo íntimo hacia una fisura donde lo personal interroga su carácter estructural.
Escribe Jorge Villacorta

La dedicación de cuidados hacia un cuerpo que se debilita y decae se inscribe, histórica y culturalmente, como un mandato absoluto dentro de un horizonte de abnegación. Esta lógica no solo persiste, sino que constituye uno de los pilares fundamentales de una estructura social de larga duración. La pregunta que emerge —¿por qué?— no es meramente retórica, sino el punto de partida de una indagación crítica.
Este ciclo de obras desborda la dimensión narrativa que vincula a una madre con su(s) hija(s), o a una(s) hija(s) con su madre, para situarse en un territorio más complejo: el de las tensiones entre lo íntimo y lo estructural. Aunque la práctica de Mafe García podría leerse en clave autobiográfica, su trabajo se desplaza deliberadamente de ese registro. En su lugar, se instala en una fisura dentro de una trama aparentemente cerrada, abriendo un espacio desde el cual cuestionar, desde lo personal, el carácter incuestionado de la obligación.

Para ello, la artista articula una estrategia basada en distintos grados de distanciamiento respecto de los convencionalismos que históricamente han organizado la práctica fotográfica en clave testimonial o documental. Su propuesta se configura así como el reverso de esa lógica.
El proceso de toma de conciencia en torno a las experiencias de cuidado que marcaron la vida de su madre expande el campo de lo sensible dentro de su práctica. Lo que aquí se enuncia es una o varias discrepancias en un ámbito regido por lo tácito, por aquello que no se nombra y que, precisamente por ello, permanece fuera de la esfera pública. La obra opera entonces como un dispositivo de visibilización de estas zonas de silencio.
En “Has cambiado de color”, la imagen es sometida a una revisión crítica que pone en tensión tanto sus posibilidades discursivas como su dimensión material, entendida como superficie, textura y presencia física. El uso de la escritura se convierte en un soporte fundamental, desactivando nociones esencialistas sobre la pureza del medio fotográfico y consolidando el uso del lenguaje (texto-imagen) para construir una visualidad atravesada por afectos tensionados.

Esta se ve interpelada por la necesidad de cuestionar las convenciones sociales que regulan los cuerpos, asignan roles y perpetúan formas de subordinación dentro de un orden patriarcal. Las obras configuran así una relectura de la domesticidad, entendida ahora como un campo de experimentación. En este desplazamiento, lo interpersonal reaparece y se expande, generando nuevas formas de relación.

En este sentido, el tacto —como forma de conocimiento— permite leer la presencia de otros cuerpos y de los objetos que los rodean, dando lugar a una constelación de experiencias que trascienden lo individual. Es en esta apertura donde se inscribe también una dimensión de cierre: una valedicción, un tono de despedida que atraviesa el conjunto y que, de manera paradójica, coexiste con la expansión misma de la obra.
Lugar: Museo Amano
Dirección: Calle Retiro 160, Miraflores, Lima
Fechas: 8 – 27 de abril de 2026
Horarios: Martes a domingo, de 10:00 a.m. a 5:00 p.m.
Entrada: Libre
Inauguración: 8 de abril, 7:30 p.m.



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