top of page

Húsares

  • Foto del escritor: Jorge Villacorta
    Jorge Villacorta
  • hace 5 días
  • 3 min de lectura

En Húsares, Bernardo Aja de Maruri convierte un ritual cotidiano en una reflexión sobre identidad, representación y tradición. Jorge Villacorta acompaña esta serie con un ensayo que explora el uniforme, la mirada fotográfica y los símbolos que persisten en el tiempo.


Escribe: Jorge Villacorta



El fotógrafo español Bernardo Aja de Maruri posee una visión tan proclive al comentario visual agudo, cargado de ironía, como a una empatía que raya en la solidaridad para con el individuo que corre riesgo de perderse en el grupo humano. Es una visión acosada por preguntas. El Perú es una de ellas.


Él no se separa de su cámara y sigue el hilo de un ritual, con intencionalidad y finalidad. Reconoce y, evidentemente, detecta el visible esprit de corps, pero también los perfiles idiosincrásicos de varones jóvenes que relampaguean. Porque, ostensiblemente, se ha abocado a observar y fotografiar a repetición a los húsares que desfilan engalanados cada mediodía en el Patio Principal de Palacio de Gobierno, en Lima. La mirada revela ser libre y no restringida a un asunto que es muy de centro histórico capitalino, que atrae por ser empecinadamente vistoso, a la limeña.


¿Qué pregunta se hizo Bernardo Aja de Maruri al fotografiar repetidas veces el mismo ritual? ¿Será posible recordar, si las fotos tienen casi treinta años de tomadas?


Una de las más plausibles sería: ¿el uniforme hace al hombre hoy, aún? ¿Qué hacen estos jóvenes peruanos con uniformes que, en Europa, el siglo XVIII legó al XIX, y éste, a su vez, al XX, y siguen en el XXI? ¿Por qué seguir marchando como prusianos, si Prusia ya no existe?


Se dice que Miguel Ángel Buonarrotti diseñó la vestimenta de la Guardia Suiza al servicio del Papado, seguramente para diferenciar a sus miembros de los mercenarios suizos, que por dinero peleaban por quien fuera, en cualquier guerra de la época. Los uniformes fueron entallándose con un sentido cada vez más enfático de dignidad y decoro, de virilidad elegante. Y los sans-culottes de la Revolución Francesa de 1789, aquellos "sin calzones" que abatieron a los apuestos uniformados de La Bastilla, no pasaron de ser unos harapientos, muertos de hambre.



El Ejército como institución europea tal vez se habría venido abajo si no hubiera sido por Napoléon Bonaparte, que le puso toda su pasión y genio militar, y le dio nuevos uniformes. Los imperios en el siglo XIX se distinguieron tanto por sus conquistas territoriales como por la gran variedad de uniformes militares vista en desfiles en las capitales imperiales. Y así los uniformes cundieron en todas las instituciones de la sociedad: hasta los escolares terminaron uniformados.


El muchacho uniformado miró al fotógrafo que le apuntaba con el lente de la cámara, y quiso reír. Nunca antes en su pueblo había visto un aparato fotográfico así, que se podía llevar en la mano. Tampoco le habían querido hacer una foto solo porque sí, y ya. Él siempre había pagado por sus fotos carné. El fotógrafo que se las tomaba tenía un negocio chico, en la calle principal, y en la trastienda tenía una cámara grande apoyada en tres patas. Ahora, ya con el uniforme de húsar puesto, esperaba con sus compañeros el momento de salir al Patio, para hacer lo de siempre allí: marchar como hombre, ante los ojos de la gente de Lima.



La pregunta de Bernardo Aja de Maruri, cualquiera que haya sido, detonó la fotogenia de la situación: aquello que ocurre entre el fotógrafo, su aparato fotográfico y el sujeto que tiene frente a sí. Para Roland Barthes, el fotógrafo llega a este momento con todo su bagaje de años de experiencia. Toda su cultura visual detona el deseo de hacer la imagen del sujeto que tiene al frente, porque está convencido de que puede construir una relación, a pesar de no poder conocerlo del todo.


Llegar con el deseo de saber del mundo que se tiene ante el lente es, también, el signo claro de la sed de vivir que acompaña a la decisión de fotografiar.





Galería Municipal de Arte Pancho Fierro

Dirección: Pasaje Santa Rosa 114, Centro Histórico de Lima.

Horario: Lunes a domingo, de 12:00 a 19:00 h.

Ingreso libre.

Gran Hotel Bolívar

Casa Bulbo


Comentarios


Copia de vocablo logo (5)_edited.jpg
  • Instagram

¡Gracias por suscribirte!

bottom of page