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El hogar como constelación

  • Foto del escritor: Czar Gutierrez
    Czar Gutierrez
  • 15 nov
  • 11 Min. de lectura

En Norte y cuerpo celeste, Verónica Luján y Miguel Aguirre convierten la intimidad doméstica en un sistema astral que gravita como cuerpo luminoso. Esta entrevista desentraña su ética de la coautoría afectiva, la frontera entre archivo familiar y documento estético.

 

Escribe: Czar Gutiérrez

Miguel Aguirre.

En Norte y cuerpo celeste, los artistas Verónica Luján y Miguel Aguirre convierten a la familia en una metáfora del sistema planetario. Y al hogar —ese territorio tantas veces relegado a lo privado— en un laboratorio epistemológico del afecto. En sus pinturas, instalaciones y performance, el tránsito entre archivo familiar y forma estética se vuelve poroso: los desórdenes cotidianos, las huellas del juego y las agendas del crecimiento infantil adquieren estatuto visual, abriendo un diálogo entre memoria, imaginación y cuidado.


En esta conversación, larga y luminosa, Luján y Aguirre revelan cómo la mirada de Mikel (4 años) es el disparador radical de la obra, una pedagogía del asombro que renueva su propia fenomenología del color, la forma y el tiempo. Hablan de la ética de exponer lo íntimo, de la palabra como materia escultórica del vínculo, del espejo como portal identitario, del sticker vacío como arqueología lúdica. Y de cómo la coautoría —humana, doméstica, simbiótica— se transforma en un gesto de resistencia al individualismo del arte contemporáneo.


Pero, sobre todas las cosas, cómo en este norte compartido la familia es todo un universo y cada obra un pequeño planeta en rotación de afectos mutuos.


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En Norte y cuerpo celeste la familia es el sistema planetario y el hogar el cosmos mismo. Entonces, ¿Cómo se redefine la noción de espacio doméstico —no ya como refugio o escena privada—, tal vez como un laboratorio epistemológico del afecto?

Verónica: Efectivamente. En Norte y cuerpo celeste cada elemento expuesto aflora desde nuestra mirada de afecto. Digamos que nuestro enfoque es desde la experiencia productiva desarrollada en el hogar.

Miguel: Sí. Nuestro hogar, desde el primer día en que Mikel estuvo con nosotrxs, se convirtió para lxs tres en espacio de experiencias y aprendizaje constantes. Y es que eso es un ser humano en sus primeros años de vida: crecimiento y desarrollo de los sentidos y acumulación de conocimiento -donde el lenguaje ocupa un lugar central-. Todo llevado, en la medida de lo posible, con el amor.

 

Ocurre que en vuestra muestra hay un tránsito evidente del archivo familiar al documento estético. ¿Dónde colocan ustedes la frontera ética y simbólica entre lo íntimo y lo público, entre la memoria y su representación? V: Sobre las pinturas: hemos representado escenas cotidianas con las que cualquier padre o madre se podría sentir identificadx. Situaciones cotidianas como el desorden de la ropa y de los juguetes o como de un paseo en hombros de papá.

M: La frontera la establece la asunción de que hay determinadas imágenes con las que muchxs madres y padres se puedan identificar o hallar eco en sus propias vivencias: el nacimiento de su hijx, el día en que empieza a caminar, un viaje familiar donde él o ella extenuado le pide a su papá que lo lleve en hombros...

 

En vuestra performance “Ensayo para un lanzamiento”, ¿el juego sustituye al boceto tradicional, la improvisación reemplaza a la premeditación del artista moderno?

M: No hubo improvisación para idear la performance "Ensayo de un viaje". Tuvimos siempre la idea de combinar un cuento infantil con una serie de frases sobre crianza responsable. El público, intuíamos, iba a estar compuesto tanto por niños como por adultos. Pero sí hubo un cambio a última hora porque Mikel enfermó -tenía fiebre- y no pudo participar de ella. El cuento original iba a ser sobre viajes espaciales y lo cambié por un viaje en avión que era lo que íbamos a hacer el lunes... deseando que Mikel sanase para que el viaje no le sea tan pesado. Ello también explica el cambio del título de la performance. 

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Si la infancia es el territorio donde el lenguaje todavía respira, ¿qué pasa cuando ese territorio se vuelve coproductor de obra, cuando Mikel interviene el orden de las formas?

V: Nuestra posición como padres artistas nos hace querer hacer partícipe a Mikel en este proyecto justamente porque al observar su interacción peculiar con el mundo, lo que lo rodea, su creatividad sin límites, bondades que como adultos perdemos, nos motiva a motivar, valga la redundancia, por medio de sus creaciones al público. A observar con más afecto y aprecio las peculiaridades de cada niño y niña.

M: Verónica y yo hemos constatado como la infancia es, sobre todo, el espacio privilegiado de la imaginación y de la creatividad. Mikel no solo construye cada día casas, edificios o aeropuertos con bloques de madera pintados -y casi nunca repite las formas- sino que en aquello banal, en lo cotidiano de la vida doméstica encuentra "objetos" inusitados. Que terminan siendo bellos por el giro que Mikel le da. Lo que hizo Duchamp hace 108 años, vaya. Pero aquí lo hace un niño de 4.

 

¿Cómo dialogan ustedes con la mirada del niño, que observa sin la contaminación de la historia del arte, y cómo ese mirar renueva su propia fenomenología del color y la forma?

M: Buenísima pregunta: en las dos obras en coautoría con Mikel son sus dibujos (en "Melodía de rayos cósmicos" realizados cuando él tenía poco menos de año y medio y en "Tierra, hogar”, con poco más de 3 años) los que establecieron la pauta y yo debí encontrar las formas y colores para que convivan en armonía con ellos. Como ejercicios de primer ciclo en la Facultad de Arte. Pero usando elementos -sus bloques de madera de colores intensos- que usa cotidianamente desde hace muchas semanas. Tanto en composiciones sencillas como aquellas más complejas.

V: Tuvimos claro, desde el principio, que la muestra partiría desde la mirada de Mikel. Sus primeras líneas, rayones, creaciones con objetos. Desde ahí fuimos adaptando nuestra mirada hasta darle un sentido emocional y estético. En el caso de Miguel fijándose en unos stickers con díseño de un juguete dándole el giro hacia algo más abstracto. Y en mi caso, fijándome en su entorno, en el rezago que queda al desarrollarse él libremente. Esa metodología implica desorden y ese desorden implica desde nuestra mirada estética ciertos colores a los que no podemos escapar.


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Miguel, tus obras sobre planchas de stickers vacías contienen una poética de la ausencia. ¿Podría decirse que son ejercicios de arqueología lúdica donde la huella del juego deviene escritura del tiempo?

M: No lo había pensado de esa forma, pero encuentro muy bella la interpretación que das a esas piezas, Czar. Yo trabajé con esas plantillas, ya sin los stickers, como metáfora de la adquisición de conocimiento por parte de Mikel. Imaginar su cerebro apenas nacido como un lienzo en blanco en el que, a medida que crecía, iba colocándose imágenes que provenían de una plantilla. Cada vez que observo una de esas ya vacías para mí significa el cierre de una etapa en el desarrollo de Mikel.

 

Verónica, tu mirada casi fotográfica atraviesa el horizonte trujillano con un aliento cósmico. ¿Podrías hablar de cómo el paisaje, tanto físico como emocional, funda tu noción de maternidad visual?

V: Para mí, el entorno es muy importante en el desarrollo de mi hijo. Me nace, me gusta, me interesa mucho documentar el espacio donde Mikel ha creado y ha crecido. Entonces, creo, que la visión de mi maternidad empieza por ese fuerte interés que siento porque Mikel al crecer pueda ver donde pasó sus primeros años, qué objetos le rodearon, como lucía la persona que lo cargaba en hombros y que a través también de esa mirada materna él y yo podamos volver a experimentar en un futuro del amor con el que fue criado. Todo ello a través de su entorno, del paisaje creado y de las pinturas que parten de fotografías especialmente escogidas.


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Benjamin afirmaba que “toda infancia encierra su propio mito del origen”. Les pregunto: ¿esta exposición es una forma de reinscribir ese mito familiar en el mapa del arte contemporáneo peruano?

M: Quizás sea muy presuntuoso de nuestra parte intentar reinscribir ese mito familiar en el arte contemporáneo hecho en Lima, pero lo digo con total sinceridad que, personalmente, sí deseaba presentar mi perspectiva de la paternidad que en poquísimas ocasiones (Fernando Prieto o Koening Johnson) he podido observar localmente. Esta perspectiva combinada con la visión de Vero como madre (la maternidad ha sido mucho más explorada desde las artes visuales contemporáneas en el Perú y en Occidente), más las creaciones de Mikel, podían dar como resultado una exposición más compleja, rica y abierta a diversas lecturas y públicos más amplios.

V: Quizás no de manera intencional, pero viéndolo ya desde afuera creo que la muestra podría ser un aporte especial por lo que es notorio que no se encuentran muchos proyectos con esta temática.

 

El espejo en “Los anillos” parece ser un dispositivo de reconocimiento y expansión. ¿Es posible pensar ese como portal entre identidades, entre lo que son como artistas y lo que son como padres?

M: Muy de acuerdo. El espejo es un elemento muy empleado en el barroco. Quizás la obra más famosa con aquel objeto sea "Las meninas". Esa identificación con una obra maestra de tanta importancia fue decisiva para nosotrxs al momento de escoger la fotografía que tomó Vero y en donde la composición y distribución de las líneas (horizontales, verticales y diagonales) las reconocimos como casi perfectas. Vero aparece reflejada en el espejo tomando la foto. Y aquel avión colgado desde el foco me representa a mí: es el único juguete que aún conservo de cuando era niño. Estuvo colgado como adorno desde que Mikel nació hasta que él tuvo la edad para, con sus palabras (¡nuevamente el lenguaje!), pedírmelo y poder jugar con él.

V: Definitivamente, la pintura de Mikel en el espejo tiene muchos elementos con carga simbólica. Uno de ellos es el espejo. El uso del espejo en las pinturas es una puerta abierta hacia la interpretación personal. Es así que puede sentirse también como un juego de identidades y de roles para nosotrxs, los padres.

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En vuestra performance, la lectura de cuentos y textos terapéuticos introduce la palabra como materia escultórica del vínculo. ¿Cómo negocian ustedes el tránsito entre palabra e imagen, entre el discurso y el silencio creador?

M: El vínculo es incuestionable: toda imagen (o todo objeto) necesita en Mikel ser acompañada de la palabra que la identifique. Todo el universo es y será nombrado por primera vez. Es casi como volver a los tiempos antiguos cuando se creaban las lenguas.

V: Todo el proyecto ha partido siempre desde la conversación y la imaginación. De pronto cada uno propone algo, tanto en concepto como en forma. Partiendo de esos mapas mentales es que vamos sincronizando, por decirlo así, hasta llegar al resultado final. Pero todo desde la conversación, la imaginación y la sincronización.

 

¿Qué ocurre cuando el encuentro es también filiación? ¿Podría decirse que su práctica expande el arte relacional hacia un arte filial, donde el afecto sustituye al público como interlocutor principal?

V: Al trabajar el tema de nuestro hijo y de nuestra ma-paternidad, se comparte aspectos tan subjetivos y propios pero, a su vez, situaciones tan reconocibles e identificables por otrxs. Cosa que me hace negar alguna sustitución del diálogo con el público.

M: El afecto no sustituye al público. Solo lo antecede dado que está en el origen y en el desarrollo (creación) de la obra.

 

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Si la obra termina siendo vuestro cosmos, ¿quién fija el norte en su sistema solar creativo? ¿Existe un centro de gravedad entre ustedes o la rotación mutua es el verdadero equilibrio?

M: Yo diría que son roles que hemos estado intercambiando con Vero durante los tres meses de preparación de la muestra. A veces era yo el que señalaba algunas coordenadas, en otras fue Vero la que estableció la pauta (como la de encontrar el hermoso título de la exposición y, a partir de ahí, poder nombrar las obras) y en otras ocasiones -diría que la mayoría de veces- sí practicábamos la "rotación mutua" como señalas tú.

V: Así es, el "norte" somos todxs. Nos referimos a una rotación mutua en el que Mikel puede y ha llegado a ser el norte para  nosotrxs como padres. Un niño es también un espejo que te muestra muchos aspectos en los que puedes mejorar.

 

“La familia es el primer museo del individuo”, dijo Susan Sontag. ¿Hasta qué punto esta muestra documenta vuestro propio museo doméstico y qué piezas creen que permanecerán como constelaciones futuras de memoria?

V: Creo que el punto es limitado. La muestra documenta su primera infancia lo que puede parecer limitado pero el horizonte es amplio. Las cuatro obras que para mí son una herencia de memoria son las dos tablas con stickers de Miguel -que tratan de conocimiento adquirido-, la pintura hecha en coautoría y la de Mikel cargado en hombros, con un horizonte amplio de fondo y bajo sus ojos. 

M: Yo creo que para lxs tres estas obras serán siempre muy significativas. Dentro de nuestro imaginario ocuparán un lugar especial. Recordemos que es el resumen de 4 años de vida juntos. Aprendiendo el uno del otro. Y, personalmente, es la instalación que presenta los cohetes diseñados por Mikel, la pieza que siempre me emocionará.


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En su práctica conjunta la noción de autoría se vuelve difusa, incluso amorosa. ¿Podría decirse que su colaboración es una forma de resistencia al individualismo del arte contemporáneo, una política de la coautoría afectiva?

V: Justamente de ello conversamos entre Miguel y yo, sobre la pintura de coautoría. Creo que al trazar límites para pintar pero que, a su vez, el resultado final sea un balance casi perfecto de dos personalidades tan diferentes, donde la interacción de las manos de dos personas sobre un lienzo viene a ser "como un baile en armoniosa sincronización" es una linda forma de romper con el individualismo del arte.

 

M: En parte sí, pero recuerda Czar que yo vengo trabajando en colaboración con diversxs artistas desde hace muchos años. Quizás mi colaboración más destacada sea junto a Elvia Páucar con quién trabaje durante 10 años. Así que, para mí, trabajar codo a codo con Vero fue algo natural. Nada impostado. Y más aún cuando el proyecto expositivo tenía como base nuestra ma-paternidad.

 

¿Qué puede aprender el arte contemporáneo —tan saturado de discurso— de la mirada infantil, del gesto que no necesita justificar su invención?

V: La mirada primigenia es algo que, sobre todo como artistas, jamás deberíamos perder. El registro de esta muestra podría ayudar a recordárnoslo.

M: Debo decir que también hay mucho arte contemporáneo completamente vacío de discurso y que resulta estéticamente plano. Sí apuesto por la capacidad de lxs niñxs de ver el mundo desde su particular perspectiva: inocente, delirante, excesiva, mágica, surrealista... Cómo no desear tener esa mirada y cambiar la nuestra, tan afectada y deformada por la academia y por ser, simplemente, adultxs.


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Miguel, tus obras anteriores exploraban la política y la historia; Verónica, las atmósferas y los afectos. ¿De qué modo Norte y cuerpo celeste funda una síntesis entre lo político y lo íntimo, entre la historia pública y la biografía familiar?

M: Creo que fue el feminismo de primera generación que dijo aquello de que "lo personal es político". Nuestro deseo era presentar un conjunto de obras que no solo hablasen sobre nuestra experiencia como madre y padre, sobre lo que significa la crianza de nuestro hijo Mikel sino, principalmente, destacar su lado creativo e imaginativo y que otrxs madres y padres, al ver la muestra, apuesten por darle a sus hijxs todo el espacio y tiempo para que ellxs se maravillen de la vida con absoluta libertad. Y que tengan el apoyo emocional cuando la realidad, nuestra desagradable realidad política, les golpee a la cara.

V: Como ya sabemos "todo es político", por lo tanto, hablar de la ma-paternidad es también política. Porque la forma en que se concibe aún en estos tiempos es desde una posición de poder. Hablar de esto nos ayuda a promover roles más equitativos. El modo en que se sintetiza todo lo referido a tu pregunta vendría a ser la representación de Miguel en su rol de padre en la pintura Norte y cuerpo celeste. Mi representación en mi rol de madre en la pintura "Los anillos" y, sobre todo, en el acto de paternar. No habría muestra si no existiera la experiencia y/o el rol de Miguel como padre.

 

Si el arte contemporáneo es una forma de navegar entre mundos posibles, ¿cuál es su próxima órbita? ¿Qué constelación los espera más allá de este norte doméstico y celeste?

V: Es difícil, por ahora, enfocarme en algo próximo. Estoy feliz con los proyectos que hemos tenido este 2025. Solo espero que lo que venga sea siempre igual de satisfactorio.

M: Debo confesarte, Czar, que 2025 ha sido un año muy intenso y más aún durante la segunda mitad. Inauguré mi muestra antológica en agosto (después de haber chambeado en ella durante tres años) e inmediatamente me puse a trabajar con Vero en "Norte y cuerpo celeste". Paralelamente, entré a la recta final de mi catálogo razonado (dos tomos, 776 páginas en total) que por fin entró a imprenta el viernes pasado. A su vez, estuve trabajando en la curaduría de la exposición colectiva que inauguramos este sábado en Madrid. El libro lo tendremos a inicios de diciembre. Así que durante ese mes, y después de la presentación, me quedaré un tiempo en la Tierra no sabiendo, sinceramente, cuál será mi/nuestro próximo destino espacial. Los calores de enero y sus efluvios me indicarán el camino.


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Mueve Galería 📍 Pérez Roca 244, Barranco

🗓 Hasta el 13 de diciembre 2025.

🕒 Mar-sáb 11 a.m. – 7 p.m. - Ingreso libre

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