El sol de Lima. La imagen del verano popular (1978 – 2015)i
- Juan Enrique Bedoya

- 12 sept
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El sol de Lima. La imagen del verano popular (1978–2015)” reúne las miradas de Mariella Agois, Mariel Vidal, Susana Pastor, Roberto Huarcaya, Adrian Portugal, Samuel Chambi, Martin Parr y Juan Enrique Bedoya, en un recorrido fotográfico que revela cómo Lima se apropió de su mar y transformó el verano popular en un imaginario colectivo.
Escribe Juan Enrique Bedoya.
A la memoria de María Gabriela Agois Banchero (Lima, 1956-1924)

Por mucho tiempo desde su fundación, la costa de la ciudad de Lima fue solo el estruendo furioso del mar Pacífico golpeando los cimientos de su acantilado. En un inicio, el mar era dominio de navegantes, pescadores y piratas. No fue antes del descubrimiento de las bondades de los baños de mar en la salud pública en la segunda mitad del siglo XVIIIii, que empiezan a proliferar los balnearios europeos. En Lima republicana, donde todo viajaba (y viaja) lento, los baños de mar, restringidos a sectores privilegiados con asistencia de bañadores (pescadores indígenas de la zona) o, las excursiones a la ribera del océano, recién se manifestarían entrado el S. XIX. De ello dan cuenta las acuarelas de Pancho Fierro y las estampas del viajero alemán Juan Mauricio Rugendas.
Pasados los estragos de la ocupación chilena, Juan de Arona en su libro “La línea de Chorrillos” (1894)iii, relata que el eje ferroviario inaugurado en 1858 que unía Lima con Chorrillos, Barranco y Miraflores, era apenas el recorrido por balnearios de recreo —paseos por el malecón, febriles juegos de apuestas entre casa o excepcionales baños de salud en el mar—, interrumpidos por zonas en control de bandoleros.

Para los años veinte del siglo pasado, aparece la figura insular del poeta José María Eguren quien, imbuido del espíritu moderno y de la fiebre del registro subrepticio de época, utiliza una cámara artesanal fabricada a partir de un tintero, para realizar lo que podría considerarse el primer registro fotográfico de autor de las playas limeñas. Sutiles imágenes circulares que no alcanzan los cuatro centímetros de diámetro, donde se incluyen escenas crepusculares del mar y de bañistas. Todas ellas, viradas e iluminadas finamente al uranio, mercurio y selenio, reunidas en cuidados álbumes. Uno de los tesoros que han podido resistir los embates de los sistemáticos robos a la Biblioteca Nacional del Perú.

Fue en los años sesenta del siglo veinte cuando el arquitecto Ernesto Aramburú Menchaca (1920-2010), alcalde de Miraflores en ese entonces, se inspira en la Riviera Francesa para crear la hoy conocida Costa Verde. Lima, según la describía, era “un ciego con vista al mar”. Su remedio fue sencillo: arenar el acantilado aprovechando las toneladas de tierra y piedras obtenidas en la excavación del Zanjón. Lo anterior, sumado a la construcción de espigones con la finalidad de ganar terreno de playa para futuros bañistas. Si bien para ese momento ya existían unas pocas playas naturales en la Bahía de Lima como La Herradura y Agua Dulce, la creación de la Costa Verde, la nueva accesibilidad que ofrecía, sumada a las legiones de migrantes que para ese momento ya poblaban la capital, supuso la explosión del verano popular.

Ahí se inicia nuestra historia. Una joven María Gabriela Agois, provista de una cámara de juguete, decide realizar el primer registro moderno del verano popular en Chorrillos (1978-1980). Sutil ejercicio de abstracción, donde la playa y sus veraneantes arman un corpus de imágenes de precisión matemática que mantienen intacta su belleza y misterio hasta el día de hoy. Coincidiendo con su amigo y maestro, el fotógrafo Fernando La Rosa que poco antes había fotografiado la costanera desvalida de la Perla, Agois lleva el mérito adicional de inaugurar el desplazamiento del imaginario de la fotografía peruana de la cordillera al litoral. No era para menos. Para ese entonces, el ciclo de migraciones del campo a la ciudad iniciado décadas antes, había llevado a concentrar el mayor porcentaje de la población nacional del país en Lima. Ya no más la ciudad de Valdelomar o el Palais Concert sino, una “ciudad de forasteros”. Lugar de un nuevo episodio del (des)encuentro entre el pasado y la modernidad, entre la precariedad y el progreso.

El trabajo pionero de Agois da inicio y sirve de inspiración a lo que hoy puede considerarse como uno de los tópicos modernos del imaginario fotográfico nacional. A partir del mismo, son muchos los fotógrafos de distinta orientación y época, que han regresado al verano de Lima con la intención de retratar el ethos de una ciudad que terminó relacionándose con su mar bajo su particular manera.
He aquí la modesta arqueología del probable inicio de una tradición que hoy distingue en parte a la fotografía peruana de sus pares de la región, iniciada por una joven limeña con apenas veintidós años y su talento.

Exposición: El sol de Lima. La imagen del verano popular (1978–2015)
Curaduría: Juan Enrique Bedoya
Lugar: ICPNA Miraflores – Sala Shinki
Cierre: 12 de octubre
Ingreso: Libre
i El título es un préstamo con licencia del escritor Luis Loayza, limeño de múltiples maneras.
ii Richard Russell. Glandular Diseases, or a Dissertation on the Use of Sea Water in the Affections of the Glands. Londres, 1752.
iii La línea de Chorrillos (1894), fue el primer libro ilustrado con fotograbados en el Perú. Su supervisión corrió a cargo de Charles Southwell quien, conjuntamente con el médico Ricardo Flores y el abogado Federico Elguera, aportaron las 36 fotográficas que lo ilustran. Entre ellas se muestran imágenes de los baños de Chorrillos y sus bañistas.




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