Entre la habitación y el bolsillo
- Maricel Delgado

- 14 jul
- 4 min de lectura
¿Qué hace posible que una mujer pueda crear? A partir del diálogo entre Virginia Woolf y Gloria Anzaldúa, Maricel Delgado reflexiona sobre las condiciones materiales, afectivas y políticas que sostienen la práctica artística femenina en la exposición Entre la habitación y el bolsillo.
Escribe Maricel Delgado

Hace casi un siglo, Virginia Woolf sostuvo que, para crear, una mujer necesitaba autonomía económica y una habitación propia: un espacio físico y simbólico de repliegue en un mundo dominado por hombres. Desde su publicación, este ensayo ha sido un faro del feminismo, así como un punto de fricción por sus omisiones de clase y raza. Frente a esta propuesta, la escritora chicana Gloria Anzaldúa propuso en 1982 una alternativa radical. En su Carta a las escritoras tercermundistas, Anzaldúa incita a crear desde la urgencia: en el bus, en la cocina o en la cola del servicio social. Para ella, la creación no espera al privilegio ni al aislamiento protector; nace de la necesidad de existir, ocupando así los márgenes y los intersticios del día a día.
Separados por más de medio siglo, estos textos generan fricciones cuyas chispas nos sirven hoy para reactivar preguntas sobre las condiciones materiales, afectivas y políticas en las que se sostiene la producción de las creadoras contemporáneas. ¿Dónde se sitúa el arte cuando el espacio es disputado, el tiempo escasea y la energía mengua?

Entre la habitación y el bolsillo propone una reflexión sobre las circunstancias que hacen posible la producción de un universo específico de artistas: el de un conjunto de mujeres de MAV, Asociación de Artistas en las Artes Visuales. Fundada por un pequeño pero entusiasta grupo en Lima en el año 2021, ahora MAV está conformada por más de 60 asociadas de varias ciudades del país y de distintas generaciones, cuya misión es crear espacios -habitaciones propias y colectivas- desde donde compartir procesos y formas de hacer arte.
En este universo, las obras presentadas son diversas y rehúyen de cualquier intento de uniformidad u homogeneidad. No se trata de la exposición de un colectivo de artistas, sino de una constelación de señales, inquietudes, gestos y reflexiones que surgen desde contextos diversos y subjetividades singulares, donde es importante reconocer el potencial de las diferencias, para desde ahí preguntarnos qué espacios podemos abrir para el arte hecho por mujeres. Este vaivén entre la habitación y el bolsillo traza una posible cartografía de un hacer que ocurre, muchas veces, en la negociación constante con las tareas de cuidado y la vida doméstica; una tensión bajo la cual las ideas de Woolf y Anzaldúa nos invitan a pensar las condiciones de creación ya no desde el aislamiento del taller, sino desde la potencia del encuentro.

Algunas de las obras de esta exposición surgen justamente en la intersección entre el trabajo productivo, aquel que realizamos para "ganarnos la vida", y la práctica artística. Señalan cómo, para seguir sosteniendo la creación, es imperativo hacer convivir las labores vinculadas al cuidado y la economía familiar con el quehacer del arte, un equilibrio complejo latente en los trabajos de Mafe, Wendy y Vicky.
Frente a estas cargas, la práctica artística se erige como un antídoto a la indiferencia: una obstinación vital que debe ejercerse, cuidarse y defenderse. Las obras de Alicia, Rocío, Aisha, Mishelle y Teresa nos invitan a pensar en esa obstinación, en esa insistencia. “Porque no tengo otra alternativa”, nos dice Anzaldúa de la razón para escribir. Es desde esa misma resistencia que Denise nos propone una suerte de pausa poética: “Veo a esa mujer que todas somos, que nunca se ha detenido y sigue caminando, y desde aquí saco mi pañuelo blanco, lo hago bandera y pido una tregua”.

Esta tregua abre paso al universo de lo afectivo, un eje transversal en la muestra. A través de gestos y rituales de afecto, las obras de Franci, Carolina, Cynthia, Lucy y Nani nos invitan a pensar en el universo de lo familiar, de quienes aprendimos y de aquellos de quienes también nos ha tocado rebelarnos.
Hay aquí un esfuerzo explícito por reconocer el trabajo histórico hecho por mujeres, desde las intelectuales del siglo pasado que abrieron camino, como la misma Woolf en la obra de Pilar, los recorridos propuestos por Karen, hasta el reconocimiento que propone Wilma de pequeños gestos contemporáneos que buscan forjar comunidad, que se extiende hacia las luchas sociales que no cesan, explicitadas en la obra de Cecilia.
Introduciendo nuevamente las tensiones, Rocío se pregunta por las formas en que las mujeres hemos sido representadas e historizadas y los regímenes de visualidad impuestos que nos siguen afectando hasta hoy.

La muestra se acerca al espacio de la casa como un territorio que no solo se habita, sino que se construye y muta constantemente. Las obras de Mónica, Vivian, Alessandra y Elena proponen el espacio doméstico y sus objetos como sustrato para la creación; mientras, en el caso de Cecilia y Carolina, la casa es un espacio de reverberación de ideas, sin por ello estar libre de tensiones y contradicciones. Finalmente, las aproximaciones al cuerpo son transversales en la exposición. En algunas obras, como las piezas de Clo y Augusta, podría pensarse como un vacío germinal que se va llenando de memoria, vivencias y complicidades; en otras piezas, como las de Patricia, Franci, Mila y Susana, el cuerpo se revela como la habitación primigenia.

Entre la habitación y el bolsillo toma el legado de Woolf para actualizarlo de la mano de Anzaldúa, desplazando la mirada desde el individualismo del "cuarto propio" hacia la potencia de lo colectivo, en la construcción de un lugar común. Desde MAV nos preguntamos desde dónde creamos, cómo ampliamos redes, cómo buscamos un lugar, propio y compartido. Pensamos en una red de sostén y un territorio compartido donde la vulnerabilidad se transforma en potencia creadora y el cuidado mutuo en una estrategia para continuar.
Exposición colectiva de MAV Asociación de Mujeres en las Artes Visuales.
Galería John Harimman. Jirón Bellavista531, Miraflores
Inauguración 15 de julio, 7:30 pm
Del 16 de julio al 13 de setiemnbre
Participan:
Teresa Carvallo, Alicia Cabieses, Vivian Wolloh, Cecilia Noriega-Bozovich, Lucy Angulo, Wilma Ehni, Mónica Cuba, Cecilia Alonso, Carolina Keckskemethy, Alessandra Rebagliati, Elena Castro, Augusta Sarria, Clo de la Puente, Mafe García, Rocío Rodrigo, Pilar Pedraza, Cynthia Capriatta, Patricia Eyzaguirre, Rocío Gómez, Nani Cárdenas, Denise Mulanovich, Carolina Bazo, Susana Aguilar, Mishelle Ramos, Mila Huby, Vicky Avalos, Franci Quirita, Wendy Castro, Aisha Ascóniga y Karen Bernedo.
Organiza: Británico Cultural




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Los paisajes interiores son poesía hechos arte