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Esa volcánica luz

  • Foto del escritor: Czar Gutierrez
    Czar Gutierrez
  • hace 3 días
  • 3 min de lectura

Ricardo Córdova, hijo del Misti, regresa a Lima con “Ellas y la pintura”, muestra que convierte la contemplación en disolución, memoria y geometría. Va hasta el 5 de setiembre en La Galería.

 

Escribe: Czar Gutiérrez

 Pintora IV, óleo sobre lino, 130 x 160 cm
 Pintora IV, óleo sobre lino, 130 x 160 cm

Arequipa tiene una luz anterior a la pintura. Rebota en el sillar, incendia las fachadas, mineraliza las sombras. Corta como un cuchillo. Pero todo indica que en el taller de este pintor esa luz ha aprendido a frenar: se demora sobre los interiores, atraviesa ventanas que no obedecen del todo a la perspectiva, se deposita sobre mujeres que dan la espalda. Es una luz que en lugar de revelar administra un secreto.

 

 Decoradora II, óleo sobre lienzo, 30 x 30 cm
Decoradora II, óleo sobre lienzo, 30 x 30 cm

Córdova se ha pasado décadas intentando dilatar ese instante en que una imagen deja de ser representación y comienza a convertirse en pensamiento. Profesor, filósofo, pintor de larga trayectoria, ha hecho de la intimidad una arquitectura y de la arquitectura una conciencia. Allí donde la tradición arequipeña encontró paisaje y acuarela, él buscó interiores: habitaciones, museos, ventanas, cuerpos detenidos frente a algo que nosotros no alcanzamos a ver.

 

Su genealogía tampoco es local. En su pintura persiste la respiración de Rembrandt, la matemática doméstica de Vermeer, la gravedad de Velázquez, el vapor lumínico de Turner, la soledad moderna de Hopper, la precisión silenciosa de Wyeth. Pero también aparecen, como intrusiones deliberadas, Kline, de Kooning, Staprans, Romiti. Fragmentos de la abstracción que penetran sus interiores y los vuelven ontológicamente inestables. La tradición europea y la modernidad americana se interfieren.

 

Pintora V, óleo sobre lino, 130 x 160 cm
Pintora V, óleo sobre lino, 130 x 160 cm

“Ya no hay nada que no se haya visto antes”, dice Córdova. Su originalidad no reside, entonces, en la ausencia de antecedentes sino en la administración de sus fantasmas. En Ellas y la pintura, exposición que inaugura este agosto del 2026 en Lima, la mujer de espaldas es la gran figura epistemológica. No ocultar el rostro para negar una identidad, explica, sino para restituirle al espectador la posibilidad de imaginarla. El cuadro comienza allí donde la información termina. La omisión como método.

Descansando, óleo sobre lienzo, 30 x 40 cm
Descansando, óleo sobre lienzo, 30 x 40 cm

En otra de sus escenas multiplica esa operación. Una mujer contempla una pintura donde otra mujer contempla una habitación. Nosotros las contemplamos a ambas. Tres miradas, tres posibles autorías, ninguna soberana. “Hay una suerte de voyerismo: miras sin que te miren”, dice al autor. Pero la frase contiene una trampa porque también somos mirados por aquello que creemos estar mirando.

 

Córdova llama “interior” tanto a la habitación como a la conciencia. La geometría constituye su andamiaje mental. La figura su irrupción biológica. Lo permanente y lo temporal conviven sin resolverse. De allí la extraña serenidad de sus cuadros donde todo parece perfectamente ordenado mientras algo, en secreto, se desordena. Incluso el óleo participa de esa conspiración.

 

Decoradora I,  óleo sobre lienzo, 30 x 30 cm
Decoradora I, óleo sobre lienzo, 30 x 30 cm

El artista imagina, construye, calcula. Luego la materia responde, resiste, propone. El cuadro adquiere una voluntad propia. Nunca termina completamente porque, concluida la superficie, comienza la interpretación. Cada espectador completa aquello que el pintor ha decidido no clausurar. Quizá por eso el problema que Córdova reconoce después de décadas no es técnico. La técnica ya no basta. Lo difícil es producir una interrupción en la mirada. Conseguir que alguien se detenga, que dude, que permanezca.

 

Salir de sus cuadros es volver a fulgurar como una aparición mineral. Pienso que Córdova, contra la tradición de pintar su ciudad desde afuera, ha decidido pintarla desde una habitación interior. Y que sus mujeres de espaldas acaso no contemplan nada. Probablemente el lugar exacto donde termina lo visible. Y empieza, peligrosamente, la mirada.

 

 

Inauguración: miércoles 12 de agosto 7 p.m.

Lugar: La Galería.

Dirección: Conde de la Monclova 225, San Isidro.

Hasta el 5 de setiembre.

 

 
 
 

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