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La boca del río

  • Foto del escritor: Czar Gutierrez
    Czar Gutierrez
  • hace 12 horas
  • 3 min de lectura

Carolina Bazo presenta Hidra, videoperformance de 9’50” que explora la devastación de la Amazonía a través de una poderosa dramaturgia corporal y visual. Se exhibe en la Bienal de Arte y Nuevos Medios AKT.


Fotograma
Fotograma

No contempla la devastación amazónica desde la distancia documental. Prefiere hundir el cuerpo en su metabolismo oscuro hasta volverlo territorio, río, raíz, veneno y memoria. Decide encarnar la catástrofe y, en esa operación, el cuerpo humano se hace órgano vulnerable.

 

La Hidra mitológica es el monstruo cuya cabeza se multiplica ya cercenada. Metáfora exacta para una economía extractiva que reaparece bajo nuevas formas. Pero la criatura de Bazo es más vasta, no tiene una anatomía única porque su cuerpo coincide con el sistema entero.  Bosque, río, oro, mercurio, enfermedad son una misma criatura con múltiples ramificaciones. La raíz, la vena y el cauce como variaciones de una misma escritura orgánica.

 

Desde la tierra calcinada de la apertura hasta la disolución final del cuerpo en el río, Hidra ejecuta su metamorfósica liturgia sin atenuantes. El tejido vegetal, ancestral y paciente confronta la velocidad brutal de la extracción. El cono que inicialmente oculta el cuerpo parece el fósil de una presencia todavía por nacer. Después irrumpen las piernas rojas: sangre, sacrificio, alarma. Carne expuesta sobre la negrura de un territorio herido.

 

Y el huevo —matriz de génesis en Piedra de Sol— aparece ahora derramado. La vida ya no se contiene, la fecundidad ha sido violentamente abierta.

 

Entonces llegan los hongos, criaturas de la descomposición y de la regeneración. Habitantes de esa zona en que muerte y nacimiento dejan de ser contrarios. Frente a la Hidra, que multiplica destructivamente su propia capacidad de devastar, el hongo es economía de la materia. Transformar lo muerto para devolverlo al ciclo de la vida.

 

Por eso la esperanza de Bazo no es idílica. Es micelial, subterránea, obstinada.

 

Pero es en el río donde la obra alcanza su máxima violencia simbólica. El cuerpo cubierto, la boca velada, el líquido dorado que emerge. El oro, objeto del deseo extractivo, ha perdido su fulgor aurático y se ha convertido en vómito. Otra operación demoledora porque la tierra que fue obligada a expulsar piedras preciosas devuelve al cuerpo el veneno de esa extracción.

 

Oro y mercurio, riqueza y enfermedad, quedan fundidos en una misma sustancia. La boca —lugar de la palabra, del alimento y del aliento—es ahora una matriz de contaminación y expulsión.

 

Aquí Hidra prolonga y radicaliza Piedra de Sol. Allí la línea era surco, cicatriz, memoria, genealogía. El grabado convertía la herida en huella. Aquí aquella línea ha abandonado el papel y se ha vuelto río. El cuerpo que antes era archivo ahora es ecosistema. La matriz calcográfica, en geografía. La tinta, en mercurio. El territorio, en placa sensible.

 

Y cuando, al final, la figura se confunde con el meandro, asistimos a una otra revelación: no existe naturaleza exterior al cuerpo que podamos salvar desde afuera. La artista se funde con aquello que denuncia porque la contaminación ha abolido toda distancia.

 

Los cartones finales irrumpen entonces como acta forense. Las cifras devuelven al mito su brutalidad terrestre. La imagen ha seducido, el dato acusa. Entre ambos queda suspendida la obra.

 

Hidra no pide contemplación. Exige complicidad consciente. Porque el monstruo no está frente a nosotros.

Estamos dentro de él rodeados, además, por una belleza turbia, narcótica. Un decorado esmaltado de densidad opiácea y oleosa donde la materia suda su propia corrupción.

 

El bosque, el agua, la fibra, el cuerpo y el oro adquieren entonces una sensualidad crepuscular. Una voluptuosidad de lo que se descompone mientras seduce. Esa perturbadora belleza que resplandece mientras la imagen alcanza su filo más inquietante. Como un labio entreabierto, oscuro y palpitante, dispuesto a ofrecer un beso inolvidable precisamente porque llega envenenado.

 

 

Bienal de Arte y Nuevos Medios AKT 

Inauguración: Miércoles 19 de agosto, 6 p. m.,

MINCUL, Museo de la Nación,

Av. Javier Prado Oeste 2465, San Borja.

 

 
 
 

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