Rafo León: los mundos que habitan el norte
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NORTE, la exposición de pinturas de Rafo León presentada en el Museo Túcume, en Lambayeque, nace de una relación profundamente personal con el norte peruano. El paisaje, las huacas, el desierto, las prácticas del curanderismo y los recuerdos familiares son materia pictórica.

La muestra se presenta en el marco de los 34 años de vida institucional del Museo Túcume. Su directora, Bernarda Delgado, señala que la institución esperaba desde hacía tiempo recibir a León y destaca la particular relación del artista con este territorio. Para Delgado, NORTE expresa una experiencia interior marcada por sus raíces norteñas y por «un hondo compromiso con el paisaje, el desierto y sobre todo, el poblador de esta parte del país».
La exposición reúne pinturas realizadas especialmente para la ocasión junto a obras anteriores vinculadas a los mismos territorios y experiencias. Delgado encuentra en ellas un interés genuino por el norte y una manera de traducir en imágenes aquello que Rafo León ha recogido durante años de recorridos y vivencias.

La memoria de una mesada
Es el propio Rafo León quien revela el origen más íntimo de estas pinturas. Su punto de partida está en las mesadas de curanderos y en una experiencia que se mueve entre aquello que puede observarse y aquello que difícilmente puede explicarse.
«En la oscuridad de la noche el avance del ritual va componiendo un universo de sonidos y claroscuros que vuelven a la experiencia objetiva, un introspección profunda», escribe.
León reconoce también los límites que encuentra al intentar trasladar esa experiencia a la pintura. Una mesada no aparece como una narración que pueda reproducirse de principio a fin. Lo que permanece es «la memoria del retazo, el fragmento, la imagen recortada».
Por eso, los protagonistas de NORTE son los pacientes de las mesadas y los alzadores, mientras los maestros permanecen ausentes durante el ejercicio de sus poderes. El artista confiesa no haberse sentido capaz de representar la imagen de un ser humano transformándose en venado o en lechuza, aunque conserva «la certeza de haber visto al maestro en esa evolución licantrópica».

Dos mundos, o quizás más
La relación de León con este universo comienza en la infancia. En las tierras calientes del norte, lejos de sentir temor ante las historias que circulaban sobre los maestros, experimentaba una creciente fascinación por sus prácticas. Los recuerda simultáneamente como poseedores de poderes superiores y como hombres y mujeres cotidianos, capaces de desplegar su humor en escenarios austeros como el desierto, la choza o la enramada.
De esa convivencia entre lo extraordinario y lo cotidiano surge una de las claves de la exposición: «hay siempre dos mundos, o quizás más, en los que sufrimos o lloramos de alegría».
En esa memoria ocupa un lugar fundamental su abuela Elenita, sanpedrana, quien lo llevaba a aquellos espacios donde «las huacas se confunden con los cerros» y a los mercados donde se encontraba la parafernalia necesaria para realizar una mesada.
El olor del palo santo y del agua florida, los objetos, los personajes y los lugares fueron adquiriendo para León una existencia que excedía la sensación o el recuerdo. Se convirtieron en entidades con cuerpo y alma.
«Ese es el proceso que me ha guiado para crear la muestra NORTE, el paso del afecto al símbolo, a lo tangible y lo esfumado», explica.
La memoria familiar de NORTE no pertenece únicamente al mundo de los curanderos. León incorpora también a las «tías terratenientes – y pobres-», universos que en su recuerdo aparecen entrelazados y que la pintura vuelve a reunir cuando ya no pueden hacerlo los hechos.

Entre la memoria y la visión
Es justamente en ese tránsito entre experiencia, recuerdo e imagen donde Ezio Macchione, curador de NORTE, sitúa la pintura de Rafo León. Su texto curatorial, Entre la memoria y la visión, cierra el recorrido proponiendo una lectura en la que aquello que pertenece a la biografía del artista adquiere, a través de la pintura, una dimensión colectiva:
«La pintura de Rafo León transforma el recuerdo en una geografía interior, donde la el curanderismo se convierte en un lenguaje simbólico más que en un testimonio. Figuras deformadas, colores intensos y una narración suspendida entre la memoria y la visión construyen un universo en el que la experiencia personal se funde con el imaginario colectivo. Más que representar un mundo, estas obras evocan su dimensión emocional, confiando a la fuerza expresiva de la pintura aquello que el relato no puede transmitir».

NORTE. Pinturas de Rafo León
Curaduría: Ezio Macchione
Museo Túcume, Lambayeque
Agosto de 2026




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