Danza de cristales
- Czar Gutierrez

- 4 sept 2025
- 4 Min. de lectura
Condensando más de dos décadas de exploración entre cuerpo, iconosfera y geometría, Magaly Sánchez, afincada en México DF, regresa a Lima con (IN)Explicable y la cartografía de lo sublime. Exhibe en Galería R (Casa República) de Barranco hasta el 16 de noviembre.
Escribe: Czar Gutiérrez

Ha hecho de su trabajo una cartografía viva donde la pintura, el collage, la instalación y la geometría se transforman en coordenadas de una misma búsqueda: interrogar cómo se construye la mirada. (IN)Explicable y la cartografía de lo sublime, su flamante exposición es un nuevo vértice de ese triángulo que desde los años noventa articula su producción: el cuerpo y sus políticas, la iconosfera mediática y la geometría como orden secreto.
Aquí lo sublime, antes que exceso romántico o metáfora del infinito, es el roce constante entre lo racional y lo inconsciente. La artista traza superficies que combinan formas geométricas y motivos orgánicos. Atmósferas donde lo matemático permea hacia lo onírico. Allí donde un cuadrado parece asegurar la proporción, emerge una línea sensible que lo desborda. Allí donde un círculo invoca el equilibrio junguiano, se cuela la vibración de la memoria personal. ¿El resultado? Un campo de tensiones que rehúye lo decorativo y propone un desafío perceptivo: contemplar es, en estas obras, pensarse.
-Universos posibles-
La biografía de Sánchez ilumina la consistencia de esta apuesta. Nacida en Lima en 1969, se formó en un contexto donde el cuerpo femenino era más un estereotipo que un campo de agencia. Desde sus primeras piezas, la artista decidió interrogar esa condición: torsos fragmentados, desnudos despojados de erotismo complaciente, maternidades atravesadas por el mercado y el consumo. Obras como Héroes domésticos (2003–2006) ya revelaban una lucidez incómoda: muñecos de plástico, colores rosa y azul, héroes de juguete convertidos en alegorías críticas del género y del poder en el ámbito familiar. Allí se insinuaba lo que luego sería un gesto constante en su trayectoria: usar el humor y la ironía para desmontar los clichés que sostienen nuestra percepción de lo femenino.

Pronto, esa primera etapa dio paso a la iconosfera mediática. Sánchez no se conformó con el cuerpo; quiso leer el imaginario colectivo en sus ídolos, villanos y mitos. Diez imperdonables (2004) reunió a Bush y Darth Vader, a Hitler y Medea en un atlas donde la moral y la ficción circulaban en el mismo plano. Universos posibles (2010) hizo convivir a James Dean y Egon Schiele en un mismo escenario pictórico, como si la historia del arte y la cultura pop se plegaran en un presente simultáneo. Ese “cine mental”, como se ha descrito, consolidó a Sánchez como una artista capaz de reconfigurar archivos culturales mediante el montaje, la cita y la fricción visual.
Sin embargo, el tercer vector de su obra —la geometría— fue ganando terreno hasta volverse protagonista. Desde Circular (2014) hasta la serie verde iniciada en 2018, el círculo, las bandas y los patrones se convirtieron en estructuras que dialogan con el canon renacentista y el op art, pero también con la botánica y la fractalidad natural. No se trata de frialdad formalista: la geometría en Sánchez nunca es un dogma, es un marco que hace visible la tensión entre lo eterno y lo efímero. En un mismo lienzo conviven la proporción renacentista y la fragilidad de una flor, el orden matemático y la vibración del color.
-El eterno retorno-
(IN)Explicable y la cartografía de lo sublime surge de esta maduración. En piezas como Etérea I, la cuadratura perfecta se confronta con un título que evoca lo intangible. En Estable I o El invierno del alma, el trazo lineal sobre acrílico deviene palimpsesto freudiano, capas de conciencia que oscilan entre el dibujo automático y el cálculo preciso. En el centro retoma el círculo como verbo en movimiento, un núcleo que late como equilibrio interior. Así pasamos por la vida opera como un friso existencial, un memento mori que recuerda el paso del tiempo y la vulnerabilidad de nuestra condición.
Así, la exposición se inserta en un linaje amplio: del romanticismo kantiano al psicoanálisis freudiano, de Hilma af Klint a Richter, de Torres-García a Julie Mehretu. Pero más allá de la genealogía crítica, lo que resuena es la capacidad de Sánchez de tender un puente entre la memoria íntima y las estructuras universales. Al mirar sus lienzos, el espectador contempla una forma y se enfrenta a un espejo donde la geometría revela, paradójicamente, lo que desborda.

El reconocimiento internacional de la artista confirma la potencia de este lenguaje. Sus obras han sido vistas en Madrid, Caracas, Nueva York, Toronto, Tel Aviv. San Francisco, San José del Cabo, Torreón, Madrid, Caracas, Nueva York, México, Toronto y Panamá. En 2015, el Museo Textil de Canadá la convocó para Watercolour, exposición paralela a los Juegos Panamericanos. En 2019, la Embajada del Perú en Washington inauguró con ella un ciclo de mujeres artistas contemporáneas. Unicef la eligió como imagen de sus 70 años y laboratorios como Pfizer adquirieron piezas suyas para proyectos de comunicación global. Publicaciones como Art Nexus han reseñado su obra, mientras colecciones públicas y privadas en varios continentes la incluyen en su acervo.
Hoy, su retorno a Lima con “(IN)Explicable” es todo un acontecimiento expositivo: es la oportunidad de mirar el itinerario de una creadora que ha sabido conjugar la pregunta política del cuerpo, la crítica mediática de la iconosfera y la búsqueda metafísica de la geometría. En su obra, cada vector no sustituye al otro, todos conviven en mutaciones de foco que interpelan al espectador con la fuerza de lo que no puede explicarse del todo, pero sí sentirse y pensarse.
En tiempos donde el arte conceptual suele refugiarse en la gelidez del discurso, Magaly Sánchez ofrece lo contrario: una abstracción cálida, cargada de ADN emocional que convierte la contemplación en una experiencia crítica y sensible a la vez. Por eso su cartografía de lo sublime, antes que trazar rutas definitivas, abre territorios donde cada quien debe orientarse con su propia memoria, fantasmas y deseos. Y de esta manera edifica esa catedral invisible que llamamos belleza.
Lugar: Galería R (Casa República).
Fechas: Del 4 de setiembre al 16 de noviembre
Dirección: Sáenz Peña 208, Barranco.




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