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De metales y fragmentos

  • Foto del escritor: Czar Gutierrez
    Czar Gutierrez
  • hace 15 horas
  • 3 Min. de lectura

En (In)orgánico, Marina García Burgos desplaza la imagen de manera deliberada, casi táctil, obligando al ojo a renunciar a su antigua soberanía. Un río de metal completa su nueva muestra en el Centro Cultural Garcilaso de la Cancillería.


Ucayali. 5.58 m
Ucayali. 5.58 m

En una trayectoria que tensa los límites de la fotografía desde adentro, su obra conjunta configura una mirada que desconfía de la imagen como evidencia y la aborda como construcción. Así, se ha expandido hacia soportes diversos —acrílico, aluminio, madera, libros, bordado, materiales en desuso, fibras naturales— en una búsqueda constante por dotar a la imagen de espesor narrativo y tridimensionalidad.


En paralelo, su práctica documental siempre está atenta a las fracturas sociales: estibadores en mercados, niños que habitan cárceles, comunidades atravesadas por la violencia política, el racismo, la intemperie de los homeless. Su vínculo con los derechos humanos se materializa en proyectos capitales como “la chalina de la esperanza”, tejido colectivo que habita el Museo de la Memoria.


En (In)orgánico, esa trayectoria converge en una operación precisa: retirar de la fotografía su antigua transparencia y devolverle su condición de objeto. Lo que aquí propone es, otra vez, una ética de la percepción. Aceptar que toda imagen es incompleta, que toda superficie guarda una historia de fuerzas y que mirar —verdaderamente mirar— implica sostener lo incompleto sin apresurarse a llenarla.


Ucayali (detalle).
Ucayali (detalle).

Así, “Ucayali” se ofrece primero como una extensión de seis metros donde el río se interrumpe bajo una textura decisiva. La mayólica —material de herencia colonial, fría, modular, repetible— impone su gramática sobre la imagen donde cada azulejo es una unidad de sentido y una fractura. Las ausencias, esos módulos sustraídos, son incisiones activas. Lo perdido no se sugiere, se materializa como vacío.


De manera que el paisaje ribereño queda sometido a la violencia de su fragmentación y de su traducción a un soporte que históricamente ha servido para ornamentar el poder. Aquí la fotografía exige una reconstrucción imposible. Y, entonces, lo que emerge es una visión diferida donde el ojo tropieza con la cuadrícula y reconoce que ver es también ensamblar ruinas.


En “Nasca” la operación es más austera, aunque no menos radical. Un algarrobo solitario, despojado de su color, resiste en un campo donde la imagen parece haber sido desecada junto con el territorio. Aquí la textura no fragmenta, más bien absorbe la superficie y la figura. Ambas entran en un pacto de equivalencias tonales.


Nasca
Nasca

El árbol se recorta y se disuelve. La fotografía abandona la ilusión de profundidad y se pliega sobre sí misma, como si la memoria del paisaje fuera más intensa que su presencia. Hay en esta pieza una economía extrema que roza lo espectral porque lo que vemos es el árbol y su persistencia.


“Amaru”, suspendida en el aire, introduce el movimiento y el brillo. Cientos de monedas —residuos de una economía que las declaró insignificantes— se enlazan en una suerte de tejido metálico que oscila entre la liana y la cascada. La textura aquí es sonora incluso en su silencio. Uno imagina el roce, el leve tintinear, la vibración mínima de un sistema de valores que se tambalea.


Amaru
Amaru

De paso, la pieza reconfigura el signo monetario porque lo que fue instrumento de intercambio deviene materia de contemplación. Pero esta transmutación no es redentora. La obra insiste en su ambivalencia: la belleza del conjunto no logra disipar la historia de extracción que esas monedas evocan. Cada centavo es una partícula de un relato mayor donde el brillo encubre y revela al mismo tiempo la asimetría de los intercambios.


Al final, (In)orgánico es una lenta licuefacción de la mirada que aprende a habitar lo incompleto. La fotografía, despojada de su promesa de totalidad, se vuelve una superficie que recuerda su propia construcción. El metal, arrancado de la economía, insiste como memoria material de un intercambio desigual y el fragmento, lejos de ser carencia, se afirma como la única forma posible de relación con un paisaje herido. Un río que ya no fluye, un árbol que apenas persiste y un brillo que no redime. Todo lo cual conduce irremediablemente a la belleza (CG).

 

La artista y su obra
La artista y su obra

 

Lugar: Centro Cultural Inca Garcilaso

Inauguración: 17 de abril de 2026

Hora: 12 horas

Temporada: Hasta el 31 de mayo de 2026

Jr. Ucayali 391, Lima, Perú

Martes a viernes de 10 am a 8 pm

Sábados, domingos y feriados de 10 am a 6 pm

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