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El mañana nunca muere

  • Foto del escritor: César Augusto Ramírez
    César Augusto Ramírez
  • hace 3 horas
  • 2 Min. de lectura

Fernando Dolorier explora la soledad y las contradicciones del sujeto contemporáneo en un mundo hiperconectado. A partir de imágenes tomadas de internet, la publicidad y la cultura visual global, sus obras revelan las tensiones entre consumo, identidad y promesas incumplidas del progreso.


Escribe César Augusto Ramírez


El mañana nunca muere de Fernando Dolorier
El mañana nunca muere de Fernando Dolorier

¿Por qué en pleno siglo XXI, cuando nunca en la historia hemos estado más conectados mediante los smartphones, nos sentimos tan solos y aislados? La promesa de los primeros días de internet de conectarnos entre nosotros ha terminado hoy reducida a un anuncio de veinte segundos previo a tu video de YouTube que te sugiere qué marca de auto comprar, unas vacaciones en alguna isla del Pacífico o el último smartphone que lanzaron Samsung o Apple. Nos hemos convertido en observadores más que en actores: conectados al mundo, pero al mismo tiempo separados de él. Irónicamente, nuestro mundo hiperconectado se ha vuelto más solitario que antes. Las políticas neoliberales del mercado han derivado en una alienación y precariedad social que se reflejan a través de la publicidad y las redes sociales. 


El mañana nunca muere de Fernando Dolorier
El mañana nunca muere de Fernando Dolorier

Las obras en esta exposición parten de este presente en el que Fernando Dolorier (Lima, 1994) nos ofrece retratos del sujeto y el mundo contemporáneos, empleando un lenguaje propio para interrogarse sobre las promesas incumplidas del progreso neoliberal. Sampleando de imágenes de internet, series de televisión, publicidad, videojuegos, películas, memes e incluso fotografías propias, las obras presentadas actúan como un espejo de nuestra realidad deformada por dinámicas invisibles que moldean, por efecto de derrame, cada aspecto de nuestras vidas. Sus obras nos hablan del consumo, la velocidad, el individuo, la soledad y las contradicciones latentes.


El mañana nunca muere de Fernando Dolorier
El mañana nunca muere de Fernando Dolorier

De alguna manera se nos obliga a ver más allá de la superficie: el paisaje ha mutado del encuentro romántico con la naturaleza al escenario donde se despliegan las fantasías del consumo. Las escenas cotidianas ahora nos muestran los rituales del placer y la productividad contemporánea. 


El mañana nunca muere de Fernando Dolorier
El mañana nunca muere de Fernando Dolorier

Aquí no se ofrecen soluciones ni escapatorias; al contrario, Dolorier nos propone abrir hasta el hueso esos sentimientos que, como el oxígeno que respiramos, han permeado nuestra realidad: inmaterial e invisible, pero siempre presente.



 
 
 

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