top of page

El zumbayllu y las formas de persistir

  • Foto del escritor: Leyla Aboudayeh
    Leyla Aboudayeh
  • hace 2 minutos
  • 5 min de lectura
Desde la galería CRISIS de Madrid, Andrea Canepa vuelve una y otra vez sobre preguntas que atraviesan nuestra historia cultural. Conversamos sobre el zumbayllu de Arguedas, la memoria y aquello que permanece vibrando bajo la superficie de nuestra cultura.

Por Leyla Aboudayeh


Salto, giro, cadencia, trance de Andrea Cánepa
Salto, giro, cadencia, trance de Andrea Cánepa

Existe algo revelador en el trabajo reciente de Andrea Canepa. Aunque su trayectoria se ha desarrollado principalmente fuera del Perú, buena parte de sus investigaciones vuelven una y otra vez sobre preguntas que atraviesan nuestra historia cultural. Hay una necesidad de observar desde la distancia aquellos relatos, símbolos y formas de conocimiento que aún siguen configurando nuestra manera de habitar el mundo.


En Salto, giro, cadencia, trance, presentada en Madrid, Canepa toma como punto de partida una figura que para muchos lectores contemporáneos puede resultar desconocida: el zumbayllu descrito por José María Arguedas en Los ríos profundos. Ese juguete que el escritor concibió como un objeto capaz de conectar sonido, movimiento, memoria y espiritualidad. Un cuerpo que gira y que encuentra estabilidad precisamente en el movimiento.


La vibración de María Angola. Mosaico de Smalti de Murano (vidrio opaco artesanal) 130 x 50 x 3 cm 2026. Andrea Cánepa
La vibración de María Angola. Mosaico de Smalti de Murano (vidrio opaco artesanal) 130 x 50 x 3 cm 2026. Andrea Cánepa

La exposición se despliega a partir de esa imagen. Los mosaicos, las esculturas móviles y los textos de la artista parecen insistir en una misma pregunta: ¿cómo permanecen vivas ciertas energías culturales a través del tiempo? La respuesta aparece vinculada al ritmo, a la vibración y al cuerpo.


En ese sentido, la muestra puede leerse también como una invitación al reencantamiento. En un país marcado por la fragmentación social y la pérdida de horizontes comunes, las obras de Canepa sugieren la posibilidad de reencontrarnos con aquello que permanece vibrando bajo la superficie de nuestra cultura. Quizá allí reside una de las mayores virtudes de esta exposición: recordarnos que la identidad cultural no es una herencia inmóvil, sino una fuerza en constante transformación. Como el zumbayllu de Arguedas, permanece viva porque continúa girando.


En esta exposición el zumbayllu aparece como una figura central para pensar el movimiento, la memoria y la resistencia. ¿Cómo llegaste a esa imagen y qué encontraste en ella que dialoga con tu propia investigación artística?

El zumbayllu es un trompo que aparece en el libro Los ríos profundos, de Arguedas. Yo leí a Arguedas tarde y, cuando finalmente lo hice, me impresionó mucho. El zumbayllu me interesó porque es un objeto que se mueve y, al mismo tiempo, permanece en el mismo sitio; esa imagen me ayudó a entender muchas cosas. Es un objeto que gira, suena y se estabiliza venciendo las fuerzas físicas que juegan en su contra.

En mi trabajo me interesa mucho esa zona donde una forma aparentemente simple abre una relación entre lo físico y lo simbólico. El zumbayllu me permitió pensar el movimiento como insistencia, como una fuerza que vuelve, que se mantiene activa.


Ylla. Mosaico de Smalti de Murano (vidrio opaco artesanal). 60 x 50 x 3 cm
Ylla. Mosaico de Smalti de Murano (vidrio opaco artesanal). 60 x 50 x 3 cm


¿Cómo logras equilibrar la investigación teórica con la experiencia sensible y material de las obras?

Para mí la investigación no es un paso previo que luego se traduce en obra. La teoría me ayuda a abrir preguntas, pero la obra aparece cuando esas preguntas encuentran una forma material y empiezan a comportarse como superficie, color, ritmo o textura.

Me gusta escribir y preparar textos que acompañan mis proyectos, es una herramienta que me ayuda a entender mis motivaciones. Cuando estoy en el estudio, muchas veces repito una misma acción: colocar mosaicos pieza por pieza, coser flecos hilo por hilo, etc. En ese momento voy pensando en el proyecto y las ideas que quiero sintetizar en el texto mientras las manos crean la obra. A veces me sorprende cómo alguna de esas reflexiones se manifiesta en la pieza final casi sin que me dé cuenta, o como algo de ese hacer con las manos entra en el texto. Busco permitir que el pensamiento informe la obra, pero también dejar que la obra piense desde sus propios medios. Me interesa que la investigación acompañe la experiencia sensible, sin cerrarla.


En Salto, giro, cadencia, trance aparece el cuerpo como espacio de vibración, trance y persistencia cultural. ¿Qué te interesa explorar hoy sobre la relación entre cuerpo y memoria colectiva?

Muchas veces hablamos de la memoria desde la herida, desde la pérdida o desde la violencia, y eso es necesario. Pero también me interesa pensar en formas de resistencia que no nacen solo del dolor, sino también del goce, de la celebración y de la capacidad de los cuerpos de reunirse, moverse y producir energía común.


Por otro lado, el trance, en su forma de baile extático (que conlleva una repetición del gesto y del ritmo) me interesa como herramienta para atravesar una herida colectiva. Como una forma de procesar el dolor desde el cuerpo, de transformarlo en movimiento. Por eso, en el texto que acompaña la muestra, quise vincular el movimiento del Taki Onqoy con algunas figuras y estrategias de Arguedas.


Andrea Canepa, Yllu, 2026. Mosaico de Smalti de Murano (vidrio opaco artesanal), 60 × 50 × 3 cm.
Andrea Canepa, Yllu, 2026. Mosaico de Smalti de Murano (vidrio opaco artesanal), 60 × 50 × 3 cm.


Has desarrollado una trayectoria internacional muy sólida, con residencias y exposiciones en espacios como el Museo Reina Sofía, Gasworks o Jan Van Eyck Academie. ¿Cómo ha transformado tu mirada sobre el Perú y lo andino el trabajar desde distintos contextos culturales?

Trabajar desde distintos contextos culturales ha influido en mi mirada y me ha obligado a volver sobre el Perú con más atención. Estar fuera me hizo notar cosas que antes podían parecerme obvias o demasiado familiares. La distancia produce una especie de extrañamiento: uno empieza a mirar de nuevo aquello que creía conocer, pero también a reconocer cómo es leído desde otros lugares.


Algo que me sorprendió mucho fue darme cuenta de lo poco que se conoce nuestra historia fuera del Perú, incluso en países que estuvieron directamente involucrados en ella. En España, por ejemplo, me ha pasado contar la historia de la captura de Atahualpa y ver la sorpresa que produce. Muchas personas me han dicho que en el colegio casi no estudiaron la conquista de América, o que la estudiaron de una manera muy general. Esa ausencia me interesa porque habla de una memoria histórica desigual, e intento que mi trabajo se acerque más a esas zonas de omisión y distancia.


Muchas de tus obras traen al presente saberes o símbolos que parecían lejanos en el tiempo. ¿Cómo crees que el arte contemporáneo puede funcionar hoy como un espacio para reactivar memorias culturales que aún siguen vivas, aunque hayan sido desplazadas o silenciadas?

Reactivar, para mí, más que reconstruir algo de manera literal, tiene que ver con generar condiciones para que ciertos símbolos, relatos o modos de imaginar la vida vuelvan a circular, se contaminen con el presente y produzcan nuevas preguntas. El arte puede intervenir ahí, no necesariamente como reparación, sino como una forma de atención.




Salto, giro, cadencia, trance

Andrea Canepa

Fechas: 28 de mayo al 23 de julio de 2026

Lugar: CRISIS Madrid

Dirección: Calle Madera 33, Madrid, España

Horario: Martes a viernes, de 11:00 a.m. a 7:00 p.m. | Sábados, de 11:00 a.m. a 2:00 p.m.

La exposición reúne esculturas móviles, mosaicos y un texto de la artista en torno a la figura del zumbayllu de José María Arguedas, explorando el movimiento, la memoria y las formas de persistencia cultural.

Comentarios


Copia de vocablo logo (5)_edited.jpg
  • Instagram

¡Gracias por suscribirte!

bottom of page