top of page

La arcilla que se expande

  • Foto del escritor: Leyla Aboudayeh
    Leyla Aboudayeh
  • hace 2 días
  • 5 Min. de lectura

Desde la arcilla de la industria ladrillera de Córdoba, Luciano Giménez desarrolla estructuras de gran formato donde el material impone condiciones. En Lima, su práctica se desplaza hacia un territorio donde el barro activa otras memorias.


Por Leyla Aboudayeh




La práctica de Luciano Giménez se sitúa en relación con la tradición ladrillera de Córdoba, una industria extendida en los márgenes urbanos, donde la producción de ladrillos ha estado históricamente ligada a economías familiares, procesos manuales y una lógica de repetición orientada a la construcción. En ese contexto, la arcilla es parte de un sistema productivo que define escalas, tiempos y formas de hacer.


Giménez (Córdoba, 1981) trabaja desde ese mismo material, con más de quince años de práctica en cerámica, avanzando desde piezas de menor escala hacia estructuras de gran formato. Su investigación se centra en las posibilidades constructivas de la arcilla, incorporando lógicas de repetición, ensamblaje y tejido. La obra se organiza como un conjunto de relaciones: módulos que se expanden, superficies que se articulan, estructuras que operan como piel o contención.




En ese proceso aparece una atención sostenida a los modos de construcción del mundo natural: la acumulación, la erosión, el crecimiento. Hay una afinidad con las geologías, con las formas que emergen del desgaste del viento y el agua, y con las arquitecturas animales, donde materia y estructura se resuelven desde la repetición y la adaptación. Esa dimensión se cruza con su interés por formas de construcción que exceden lo humano y que operan desde una inteligencia material.


En su producción reciente, como en Corazas para algo inmenso presentada en galería Cott, el ingreso al tejido marca un punto de inflexión. La cerámica pasa a construirse desde la unión de módulos, en una lógica que habilita expansión en el espacio. Investiga la materialidad desde su dimensión constructiva.

Ha realizado numerosas exposiciones individuales y colectivas dentro y fuera de Argentina, y actualmente desarrolla murales y esculturas cerámicas de gran formato. Integra el colectivo de cerámica Casiopea y el de dibujo Carbonillas Project, espacios desde los que continúa ampliando su campo de acción.


Durante su paso por la Residencia al Lado, ese proceso se desplaza hacia otro contexto material. La búsqueda de arcilla local con presencia de hierro, el uso de extrusión manual y la incorporación de texturas inspiradas en tejidos introducen variaciones dentro de un método que se mantiene constante. El entorno también incide: los museos, las referencias precolombinas, la relación con el territorio.


En ese cruce aparece una proyección concreta: el interés por trabajar con adobe en exteriores, tomando como referencia las huacas y las condiciones climáticas de Lima. La obra se abre hacia una escala territorial, donde el material establece vínculos con el tiempo, el clima y la historia.


El artista trabaja con una materialidad que impone tiempos, límites y errores. Su práctica se desplaza del objeto a la estructura: sistemas que crecen, se articulan y operan como superficies vivas. En ese movimiento, la obra nos reta a desplazarnos hacia un mundo que se organiza desde lo no humano.


ENTREVISTA


Trabajas con la misma arcilla que la industria ladrillera de Córdoba. ¿Qué te interesa desplazar de esa lógica productiva en tu obra?


Me interesa pensar mis obras desde lo seriado, así como lo hace la industria. Me inspira ese acto de repetición de un elemento que construye algo mayor. Mi obra busca una escala más arquitectónica, y desde ahí observo lo seriado.


Has trabajado dentro de la fábrica Ladrillera Palmar. ¿Cómo afecta ese contexto industrial tu manera de pensar y hacer las piezas?


Trabajar en ese entorno me permite pensar la obra desde la industria. El taller se ve afectado por horarios, por la presencia de otras personas, por un espacio donde no se está pensando en arte, sino en producción. Eso genera preguntas y me lleva a replantear la forma de producir.


La industria produce módulos repetibles. Tú produces formas expansivas. ¿Dónde ocurre la ruptura entre esos dos sistemas?

Uso la producción seriada para alcanzar una escala que el volumen macizo no permite, pero mi lógica es la de la red, no la de la fábrica. Mientras la industria busca el objeto idéntico y cerrado, yo busco el módulo que se expande para formar una red.

La ruptura sucede cuando la repetición deja de ser un fin en sí mismo y se convierte en un sistema de construcción por unión. Al tejer la cerámica, el módulo se vuelve orgánico. Donde la industria ve repetición, yo veo una trama que crece.




Tu obra crece a una escala poco frecuente en la cerámica. ¿Cómo se define ese trabajo en gran formato?

Es una decisión de llevar la cerámica a sus límites y abarcar otras superficies. También hay un desafío en el tamaño, en mover las piezas, en el montaje. Me interesa resolver todo eso.

La industria permite pensar desde esas posibilidades: la cantidad de material, el tamaño del horno, los sistemas de traslado. Todo eso forma parte de la obra.


¿Cuáles son los límites reales de la arcilla cuando trabajas en gran formato?

Primero está la preparación del material. La arcilla de ladrillo hay que procesarla para poder trabajarla de forma artesanal. Luego viene el control del secado y las contracciones.

Si la pieza supera esas etapas, queda el traslado, la carga y descarga del horno. Todo eso forma parte de la complejidad de producir en gran formato.


Hablas de un proceso casi meditativo. ¿Qué pesa más en ese ritmo: tu decisión o el comportamiento del material?

El comportamiento del material pesa mucho. La arcilla que utilizo tiene más arena y limo, lo que la vuelve más inestable. Hay movimientos y contracciones fuertes en el secado y el horneado.

Trabajo con esas limitaciones y convivo con los errores, como grietas o deformaciones, que pasan a ser parte de la obra.



En tus piezas recientes aparece el tejido como estructura. ¿Qué te permite esa lógica?

El tejido me permite construir desde la unión de módulos y alcanzar mayor escala. A partir de eso aparecen otras ideas: estas redes funcionan como contenciones.

Ahí conecto con una dimensión más ancestral, donde la cerámica y el textil comparten una misma lógica: contener. Son dos formas de un mismo gesto, el de abrazar y proteger la materia.


En Lima, el barro tiene otra historia. ¿Qué sucede con tu obra al entrar en este contexto?

Trabajar en Lima es un ejercicio de respeto y diálogo. Es un territorio con una herencia muy fuerte, y eso transforma la obra. Deja de ser solo mi proceso y pasa a ser un encuentro con esa memoria.


Tus piezas pueden funcionar como estructura, piel o superficie. ¿Cómo defines su relación con el espacio?

Las piezas están pensadas desde la forma: son tejidos, pieles, contenedores. No dependen del lugar donde se instalan, pero me interesa que se activen en el exterior, que convivan con el clima, que cambien con el tiempo.


Durante tu residencia en Lima, ¿cómo fue el desarrollo de las piezas?

Trabajé buscando arcilla local, con hierro, y mantuve mi proceso. Hice piezas con extrusión manual, integrando nuevas texturas inspiradas en tejidos.

El contexto también influyó: los museos, las referencias, el entorno. Me interesa seguir desarrollando trabajo con adobe en el exterior, tomando como referencia las huacas y las condiciones climáticas de la ciudad.



Su participación en Pinta Lima extiende ese proceso hacia el circuito de la feria, donde la obra no se fija en una forma cerrada y continúa operando en relación con el contexto. Giménez estará representado por la galería Cott, dentro de un programa que articula distintas escenas y prácticas contemporáneas.


Pinta Lima se realizará en Lima del 24 al 27 de abril de 2026.

Comentarios


Copia de vocablo logo (5)_edited.jpg
  • Instagram

¡Gracias por suscribirte!

bottom of page