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Corredores Interiores*

  • Foto del escritor: Leyla Aboudayeh
    Leyla Aboudayeh
  • hace 2 días
  • 4 Min. de lectura

La exposición Corredores Interiores, presentada por Livia Benavides Gallery, reúne obras de Elena Tejada-Herrera, Javier Bravo de Rueda, Fátima Rodrigo, Ishmael Randall-Weeks, Elena Damiani y Fernando Bryce para reflexionar sobre cómo el ser humano transforma y es transformado por su entorno. Entre geología, arquitectura, memoria y ficción, la muestra propone una lectura sensible sobre el tiempo, la materia y las formas contemporáneas de habitar el mundo.


Por Leyla Aboudayeh


Parábola (Rama Olivo) y Retablo (Abacus) de Ishmael Randall-Weeks
Parábola (Rama Olivo) y Retablo (Abacus) de Ishmael Randall-Weeks

Hace aproximadamente cien años ocurrió un cambio en la arquitectura doméstica que reflejaba una transformación más amplia en la idea de privacidad. En las grandes casas, como aquella que hoy funciona como espacio de galería, las habitaciones estaban conectadas entre sí por puertas, siguiendo el modelo del siglo XIX. La privacidad aún pertenecía al ámbito familiar y no al individuo. Para 1950, eso ya resultaba impensable. Casi un siglo después, esta casa ha adquirido una nueva vida: las puertas interiores han sido retiradas y las personas vuelven a desplazarse a través de un espacio que es simultáneamente privado y público, ahora habitado por obras de Elena Tejada-Herrera, Javier Bravo de Rueda, Fernando Bryce, Elena Damiani, Ishmael Randall-Weeks y Fátima Rodrigo.


Lo primero que encontramos es Burping Woman de Elena Tejada-Herrera. A través de un gesto tan cotidiano como inapropiado, el eructo, la artista desafía los códigos de comportamiento asociados al cuerpo femenino y a la respetabilidad social, desplazando lo íntimo hacia la esfera pública.


Burping Woman de Elena Tejada-Herrera
Burping Woman de Elena Tejada-Herrera

Javier Bravo de Rueda construye en Corredores Interiores uno de los universos más sugestivos de la muestra. Sus esculturas operan en un territorio ambiguo donde la arqueología, la ciencia ficción, la cosmología y la materia terrestre conviven como si fueran parte de un mismo sistema narrativo.


Las Metaestructuras presentadas en la exposición funcionan como ensamblajes en permanente transformación. Acero, cerámica, piedra y pasta egipcia se organizan en formas que recuerdan observatorios, artefactos rituales o restos minerales provenientes de un tiempo desconocido. Bravo de Rueda propone sistemas activos donde cada elemento afecta al otro, generando tensiones, desplazamientos y equilibrios precarios.


Javier Bravo de Rueda  plantea la ficción como una herramienta para aproximarse a aquello que solo puede imaginarse. Sus piezas hablan de agujeros negros, metamorfosis, observaciones astronómicas y relatos surgidos desde el desierto peruano, un territorio históricamente atravesado por mitologías, exploraciones y proyecciones sobre el fin o el origen del mundo.


En ese sentido, las obras parecen moverse entre escalas imposibles: lo microscópico y lo cósmico, lo artesanal y lo tecnológico, lo ancestral y lo futurista. Hay algo profundamente contemporáneo en esa mezcla. Bravo de Rueda construye esculturas que evidencian nuestra inestabilidad en el presente. Sus estructuras suspendidas, fragmentadas o acumulativas hablan de un mundo donde las categorías tradicionales ya no resultan suficientes.


Las esculturas parecen absorber la fragilidad de la propia arquitectura doméstica, como si dialogaran con una Lima que se transforma constantemente y donde las antiguas formas de habitar empiezan a desaparecer. Sus ensamblajes terminan funcionando entonces como metáforas de una ciudad en mutación: sistemas precarios, híbridos y todavía en proceso de reorganizarse.


Javier Bravo de Rueda


Mientras avanzamos por el corredor interior, parte de ese dinamismo material se traslada a la obra de Fátima Rodrigo, quien subvierte las narrativas dominantes asociadas al modernismo. Su trabajo revela cómo América Latina absorbió, transformó y afectivizó los lenguajes de la abstracción geométrica. A través de lentejuelas, textiles y superficies brillantes, Rodrigo feminiza tradiciones históricamente masculinas como el suprematismo o el constructivismo, desplazando la rigidez moderna hacia un territorio más frágil, ornamental y profundamente híbrido. Sus piezas parecen preguntarse qué ocurre cuando las promesas universales de la modernidad atraviesan el espectáculo, la cultura popular y la experiencia latinoamericana.


Fátima Rodrigo


Ishmael Randall-Weeks presenta obras que se sitúan entre la arquitectura, la geometría y el ritual. En piezas como Parábola (Rama Olivo) y Retablo (Abacus), el artista combina mayólicas, minerales, mecanismos móviles y formas geométricas que remiten tanto a instrumentos matemáticos como a estructuras ceremoniales.


La presencia de la rama de olivo resulta especialmente significativa. Tradicionalmente asociada a la paz y la permanencia, también remite a territorios marcados por la violencia colonial contemporánea, donde estos árboles han sido arrancados como forma de borrar memoria y arraigo. Convertido aquí en bronce, el olivo funciona como un vestigio de resistencia y permanencia.


Lejos de la rigidez racionalista moderna, Randall-Weeks transforma la geometría en una experiencia contemplativa. Sus obras no imponen estructuras cerradas, sino espacios para la observación lenta y la reflexión. Dentro de la antigua casa que alberga la muestra, las piezas adquieren además una dimensión íntima, como pequeños altares contemporáneos que invitan a pensar cómo habitamos el espacio y construimos memoria.


Ishmael Randall-Weeks


Elena Damiani introduce en Corredores Interiores una reflexión sobre el tiempo profundo y la memoria geológica. Sus esculturas y superficies minerales convierten la piedra en un archivo material donde se acumulan procesos de erosión, sedimentación y transformación que exceden completamente la escala humana.


En series como Ventifacts y Filters, Damiani trabaja con ónix, travertino y cuarzo para construir superficies que recuerdan tanto fragmentos arqueológicos como paisajes abstractos. Las piedras, atravesadas por vetas y capas minerales, funcionan como registros silenciosos del paso del tiempo. Frente a una Lima marcada por la aceleración urbana y la desaparición constante de sus arquitecturas domésticas, las obras de Damiani introducen otra temporalidad: lenta, sedimentaria y casi cósmica. Sus piezas parecen recordarnos que toda construcción humana es finalmente transitoria frente a las fuerzas geológicas que modelan el mundo desde hace millones de años.




Elena Damiani
Elena Damiani

Finalmente, Fernando Bryce introduce una dimensión política y archivística dentro de la muestra. A través de The Decade Review, el artista reconstruye imágenes, documentos y publicaciones de los años setenta para cuestionar cómo la historia ha sido narrada desde los medios, la propaganda y las estructuras de poder.


Sus archivos reproducidos manualmente revelan cómo muchas de las fracturas ideológicas del siglo XX continúan organizando nuestro presente. Dentro de una exposición atravesada por la memoria y las transformaciones del espacio, Bryce introduce las imágenes políticas que persisten silenciosamente en la historia contemporánea como otra forma de sedimentación.


Fernando Bryce
Fernando Bryce


Corredores Interiores

Galería Livia Benavides GalleryCon obras de Elena Tejada-Herrera, Javier Bravo de Rueda, Fátima Rodrigo, Ishmael Randall-Weeks, Elena Damiani y Fernando Bryce.


*Texto elaborado a partir del portafolio curatorial de Interior Corridors, cortesía de Livia Benavides Gallery


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