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Jardines Mecánicos

  • Foto del escritor: Tarissa Revilla
    Tarissa Revilla
  • hace 3 días
  • 3 Min. de lectura

Jardines Mecánicos reúne obras de Carlos Revilla, Héctor Delgado y James Jessiman. Entre máquinas, cuerpos híbridos y paisajes distópicos, la muestra imagina nuevas formas de existencia surgidas tras el colapso.


Por Tarissa Revilla.


James Jessiman
James Jessiman

Cuando pienso en este espacio —habitado por restos de máquinas, cuerpos que replantean la anatomía humana, seres surgidos de la catástrofe y una vegetación que inventa nuevas formas de supervivencia y autonomía— entiendo que aquí opera una fuerza metafísica que desordena y reescribe las leyes conocidas. Sobre este territorio, los artistas, cada uno desde su propia lógica, parecen responder a una incongruencia colectiva y social que nos empuja hacia un trance de deshumanización y desarraigo.


Ese progreso regresivo, o falso progreso, que beneficia a unos cuantos a costa de todos, provoca una reacción que se manifiesta en una atmósfera de ensueño (pero afiebrado). Frente a la pérdida, se genera un suelo híbrido donde el cuerpo y el objeto —entendiendo cuerpo como humano, animal o vegetal— se superponen, se fusionan y se reorganizan para imaginar nuevas formas de existencia.


Syameaz, Héctor Delgado
Syameaz, Héctor Delgado

En la obra de Carlos Revilla entramos a un laboratorio donde cuerpo y máquina coexisten en un mismo plano de intensidad. Sus figuras componen un territorio en el que la sensualidad se filtra en estructuras que, a primera vista, podrían parecer rígidas, irónicas o incluso hostiles. Formado en el clima del surrealismo europeo de posguerra, Revilla desarrolló un lenguaje ácido, escéptico y cargado de erotismo para enfrentar las promesas tecnológicas de su época: un mundo que celebraba el progreso mientras generaba nuevos dispositivos de control, deshumanización e incertidumbre.


En sus pinturas, las extremidades móviles, las prótesis y las máquinas evocan la tradición surrealista del ensamblaje y del autómata; señalan la forma en que la modernidad produce cuerpos fragmentados y deseos vigilados.


Claire de Lune. Carlos Revilla (1982)
Claire de Lune. Carlos Revilla (1982)

Con Héctor Delgado ingresamos en un territorio posterior al colapso, donde el mundo parece rehacerse a partir de sus propios desechos. Sus collages están poblados por criaturas mutantes que habitan un terreno casi infértil, desértico y distópico, pero capaz de generar sus propios sistemas. Instaura un microecosistema regido por lógicas internas, donde lo impuro, lo no humano y lo marginal son agentes activos de recomposición.


James Jessiman
James Jessiman

James Jessiman, en cambio, trabaja desde la investigación y el viaje. Sus esculturas en bronce (baterías y orquídeas que se enlazan en un mismo circuito) son el resultado de mitologías recogidas durante su recorrido por Perú. Donde la búsqueda de poder implica el desplazamiento y la extracción, se piensan alternativas: máquinas que parecen activarse por fuerzas afectivas, motores alimentados por el deseo, dispositivos y transmisores que captan señales emocionales. En sus piezas, Jessiman desvanece la distinción entre herramienta y organismo para abrir paso a artefactos que reformulan la relación entre materia, cuerpo y sentimiento.


Cuando pienso en Jardines Mecánicos, entiendo que el recorrido avanza del derrumbe a la mutación: primero, el choque de sistemas agotados; luego, la recomposición hecha de restos, señales y brotes improbables; y, finalmente, la aparición de nuevas entidades híbridas. El porvenir pertenece a lo inestable, a lo impuro, a lo lúdico y a lo improbable. A todo eso que, incluso en medio del colapso, insiste en vivir.


Jardines Mecánicos

Galería ENLACE

Camino Real 1123, Piso 2

San Isidro, Lima, Perú

Lunes a viernes

9:00 a.m. – 6:00 p.m.

En exhibición hasta el 7 de abril de 2026

 
 
 

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