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La forma que respira

  • Foto del escritor: Czar Gutierrez
    Czar Gutierrez
  • hace 1 día
  • 5 Min. de lectura

Autodidacta silencioso y constante, la cerámica del Chiqui García articula tradición ancestral, belleza clásica y pensamiento contemporáneo. Trabaja entre entre Mendoza, Zúrich y Lima, donde tiene su taller, e inaugura el 4 de marzo en ARCOmadrid y en la Galería Ponce+Robles de la capital española.

Escribe: Czar Gutiérrez


La práctica artística de Pablo García se desarrolla en una zona de baja estridencia y alta densidad. Sin responder a programas teóricos cerrados ni a estrategias discursivas visibles, lo suyo es un vínculo sostenido con la materia y el tiempo: repetición paciente, atención al detalle y esa noción de la belleza entendida como necesidad vital y forma de equilibrio.


Nacido en Malargüe, Mendoza, en 1979, García creció en contacto directo con el entorno natural. Desde niño mostró una inclinación temprana por el trabajo manual, tallando madera, ladrillo y otros materiales disponibles. Autodidacta, su formación se dio fuera de los marcos académicos tradicionales, articulando música, escultura, performance y cerámica en una práctica expandida que ha ido consolidando por más de dos décadas.


La vida en el campo, el tránsito entre territorios, el contacto con comunidades indígenas amazónicas y una comprensión de la naturaleza como organismo activo nutren su arte. Desde 2016 produce su obra entre Zúrich, Mendoza y Lima, donde actualmente vive y trabaja. Este desplazamiento constante se traduce en un lenguaje formal que evita la fijación identitaria y propone formas abiertas y orgánicas, en devenir.


Así, sus piezas —semillas, plantas, sistemas ensamblados—funcionan como presencias. Trabaja con cerámica gres —pasta dura y densa, hecha de arcillas con sílice y feldespato, cocida a altas temperaturas (1000-1300°C)— para vitrificarla, volviéndola casi impermeable y altamente resistente. También con madera recuperada y piedra. Todo lo cual introduce una reflexión silenciosa sobre transformación, resistencia y tiempo.

El 4 de marzo inaugura una nueva exposición en Madrid y, antes de que alce vuelo, conversamos con él.

 

En términos históricos, ¿dialogas más con una idea clásica de belleza —cercana a Platón y a una noción de armonía— o con corrientes contemporáneas que han puesto en crisis ese ideal?

Me siento más en diálogo con la idea platónica, desde la necesidad básica del hombre por la comprensión de la belleza y la posibilidad de este de transformar la materia y el entorno, imitando a la naturaleza. No tengo muchos más referentes inspiracionales que la naturaleza en el arte plástico. Aunque sí podría identificar referentes con más facilidad en la música, la poesía, como la estética del cine y la fotografía. Podría mencionar obras aisladas que me conmueven, pero no la obra completa de artistas como interlocutores.

 

Viviendo y produciendo entre Malargüe (Mendoza, Argentina), Lima y Zúrich, ¿cómo se organiza ese tránsito geográfico y cultural con tu formación autodidacta?

Con el pulso natural de lo que está sucediendo a mi alrededor, lo que acontece en el día a día, las formas, las culturas, el entorno cotidiano. Como no tengo formación académica, mi disposición para la creación es el juego, pero el conocimiento viene desde todos los intereses que uno frecuenta: las amistades, las conversaciones, la música, del éter mismo. La única forma de conquistar una técnica es mediante la práctica, no hay forma de aprenderla de otra manera. La disciplina de la práctica es el factor condicionante del desarrollo de una técnica, más allá del soporte teórico.

 

En relación con la identidad, ¿tus obras proponen un sujeto definido o más bien una subjetividad disuelta en lo vegetal, lo múltiple y lo híbrido?

La segunda opción, sumada a la falta de un arraigo estable y a la suma de muchos lenguajes y culturas que aportan a una identidad singular. El cuerpo humano aparentemente aparece raras veces de manera directa en mi trabajo, pero está muy presente en lenguajes menos conocidos en mi obra, en períodos escultóricos determinados de mi trayectoria, considerando que el cuerpo humano también pertenece a la totalidad del mundo natural de las formas.

 

En piezas como “Planta”, el movimiento, el viento y la posibilidad de desmontaje introducen el tiempo como variable activa. ¿Cómo entiendes la obra: como objeto cerrado o como organismo en devenir?

Desde mi punto de vista es ambas cosas; cuando la obra se finaliza o se abandona, como toda obra. Pero todo en el plano físico sufre transformación. Al final toda cosa física también es perecedera en la constante del tiempo. Cuando trabajo memoria ancestral y futuro especulativo con formas que parecen a la vez arcaicas y no identificables es el mismo universo experimentándose en forma y materia a través de mí, como un pulso que me atraviesa como idea y pasa a existir en el mundo físico.

 

¿Cómo piensas la materialidad de la cerámica gres, sometida a altas temperaturas, en relación con ideas de resistencia, transformación y ritual?

Con la ritualidad de lo material, con lo alquímico y el sentido de reciprocidad de la idea y la materia, de lo espiritual y lo físico. Como es arriba es abajo, y como es abajo es arriba.

 

En un contexto dominado por lo digital y lo inmaterial, ¿qué significa insistir en el trabajo manual, repetitivo y casi meditativo de moldear cientos de piezas a mano?

El rezo, la meditación, las estaciones. El hacer por hacer.

 

Entonces la imperfección, la variación mínima entre piezas, ¿es un accidente aceptado o una estrategia deliberada para resistir la lógica industrial y serial?

No hay dos cosas iguales en la naturaleza, aunque todas sean iguales, como las hojas de un árbol. Es parte del mantra de cada letra de una palabra, de cada frase de una oración. Es como una emanación repetitiva que se va desarrollando, sucediendo, que simplemente acontece.

 

En términos de escala y montaje, ¿has modificado obras para que “respiren” de otro modo según la ciudad y su ritmo cultural? ¿Hay obras que solo concibes para ciertos territorios?

Como todo en la naturaleza, se puede adaptar a cualquier entorno y contexto.

 

En el diálogo con galerías como Revolver, ¿cómo se construye el equilibrio entre una práctica profundamente ligada a lo ancestral y la lógica contemporánea de exhibición global?

Cuando una galería te representa, busca expandir su mercado. Cuando uno exterioriza con la exposición un trabajo, una obra, una vez que lo muestra pasa a ser un producto del mercado.

 

Y ahora expones en Madrid.

Sí, a partir del 4 de marzo y en paralelo a la feria ARCO. Se trata de una muestra personal en la que se va a exponer elementos actuales de mi trabajo como las plantas y obras antiguas, como la obra llamada “Oficio de meditación”, que vengo desarrollando desde hace 20 años que involucra la cerámica y el vidrio.

  

  

ARCOmadrid del 4 al 9 de marzo

Galería Ponce+Robles: del 4 de marzo al 15 de abril

Alameda 5, 28014, Madrid.

Horarios: martes a viernes de 11.00 a 14.30 h y de 17.00 a 20.00 h.

Sábados de 11.00 a 14.00 h. (tardes visita privada).

 

 
 
 

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